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Píxide de al-Mughira

Publicado por A. Cerra

El arte hispanomusulmán posee una finura y un prestigio excepcional. En ese sentido, su máxima expresión puede que sea el Palacio Nazarí de la Alhambra en Granada. Pero lo cierto es que hay muchos otros ejemplos de la delicadeza y la maestría de aquella cultura.

Píxide de al-Mughira

Una buena muestra es este Píxide de al-Mughira que actualmente se expone en el Museo del Louvre de París, pero que es originario de la ciudad de Medina Azahara, junto a Córdoba, la capital del poderoso Califato de los Omeyas. De hecho esta pieza datada en el año 968 fue propiedad de al-Mughira, príncipe e hijo del califa Abderramán III.

La pieza es de enorme valor, comenzando por el propio material en el que está realizada: marfil. Un material escaso y delicado para trabajar. Sin embargo, en este caso su creador ha sabido aprovechar todas las cualidades del marfil, para dejar una pieza magnífica que combina la caligrafía árabe, con las representaciones de distintos personajes y animales, además de la decoración vegetal.

Por ejemplo, vemos jinetes a caballo, leones, un músico… Una auténtica joya labrada en un recipiente cuyas paredes tienen menos de dos centímetros de espesor. Es decir que cualquier error a la hora de hacer las incisiones podía dar al traste con toda la obra. Además de hacer lo inservible, porque el píxide no dejaba de ser un recipiente para contener algo tan valioso como el propio contenedor. Quizás perfumes, o quizás joyas.

Todo el programa iconográfico se organiza a partir de cuatro medallones que a su vez tiene ocho lóbulos entrelazados. Y entre el cilindro y la tapa podemos contar ni más ni menos que 69 figuras, bien sean animales o seres humanos.

Hay desde la escena de un trono sostenido por leones y otras de cariz cortesano, como una en la que vemos un músico tocando un laúd. También hay combates entre animales o cetreros con sus halcones. Además de caballos, osos, ciervos, águilas… sin olvidar los motivos vegetales que colman toda la superficie, una vegetación que además se integra en diversas escenas en forma de árboles, plantas o palmeras.

Y por supuesto está la inscripción que caracteres cúficos que recorre toda la parte alta del píxide. Es en ella donde se nombra la fecha de la pieza y a su propietario el príncipe al-Mughira, el hijo menor de Abderramán III, que jamás llegó a ocupar el trono califal debido a las numerosas intrigas que se dieron en la corte califal de Córdoba en la segunda mitad del siglo X.

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