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Adoración de los Reyes Magos de Carlo Dolci

Publicado por A. Cerra

Adoración de los Reyes Magos de Carlo Dolci

El pintor barroco Carlo Dolci (1616 – 1686) gozó de una muy buena consideración en su época, sin embargo con el paso del tiempo su prestigio fue decayendo, ya que de alguna manera sus formas y pensamiento son demasiado propios de ese siglo XVII.

Siendo un niño, en su Florencia natal, ya destacó por su piedad y fe. Tanto que incluso trataba de inspirar el amor a Dios a otros niños. Otro detalle de su carácter piadoso, es que se cuenta que el mismo día de su boda hubo que buscarlo por el templo para llevarlo al altar, ya que él se había refugiado en una capilla para rezar. Además frecuentaba la hermandad benedictina y seguía su máxima de que “trabajar es orar”. E incluso, aunque inicialmente mostró unas cualidades innatas para el retrato, prefirió dedicarse en exclusiva a la pintura religiosa.

Y por ello pintó en numerosas ocasiones los mismos episodios evangélicos, como en el caso de la Adoración de los Reyes Magos que realizó en varias obras. Eso sí, siguiendo siempre el mismo patrón. De hecho no inventaba sus composiciones, las basaba en cuadros de otros artistas del Barroco, pero introduciendo pequeñas variaciones y sobre todo pintando figuras con un encanto especial. Unos personajes que era lo que más le costaba ya que era tremendamente concienzudo e invertía todo el tiempo que considerara oportuno en cualquier elemento o detalle. Se cuenta que Luca Giordano, autor de grandes conjuntos murales como el dedicado a los Medicis, aunque admiraba su trabajo le aconsejó pintar más rápido para no morir de hambre. Algo que quizás no le preocupara demasiado, ya que pese a tener muchos encargos y ser cotizado su trabajo, él rechazaba cobrar demasiado por sus pinturas.

Era tan valorado porque, pese a la innegable falta de originalidad compositiva, tenía una capacidad técnica innata, tanto para el dibujo como para la aplicación del color, a veces más audaz de lo que parece, aunque siempre con el propósito de irradiar religiosidad. De hecho, lo más admirado de su arte siempre fue la gracia de sus figuras.

Es curioso ver que en esta escena pinta en tonos dorados muchos de los ropajes de los Reyes Magos y también los regalos que le hacen al Niño. Sin embargo, emplea pinceladas de auténtico pan de oro para representar los halos de la Sagrada Familia o para plasmar los rayos que salen de la cabeza de Jesús. No repara en gastos para ello. Al igual que usa el azul más caro del mercado, el ultramarino, para pintar el manto de María.