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Autorretrato de Salvatore Rosa

Publicado por A. Cerra

Salvatore Rosa (1615 – 1673) no es el pintor barroco más destacado ni más conocido, ni mucho menos. Pero es cierto que tiene dos obras esplendorosas dignas de conocerse. Una de ellas es esta en la que se autorretrata hacia el año 1645 y que hoy en día se conserva en la National Gallery de Londres. Y otra sería la pareja de esta obra, en la que pinta a su amada, Lucrecia. Ambos cuadros en la actualidad están separados, ya que se conserva en un museo de Connecticut, Estados Unidos. Si bien origen formaron pareja y colgaban en el palacio de un rica familia florentina, ya que no se trataba de retratos en sí, sino de dos efigies simbólicas.

Autorretrato de Salvatore Rosa

En el cuadro de Lucrecia la convierte en la personificación de la poesía. Mientras que en el autorretrato se nos presenta como el “silencio”. A ello alude la tablilla que se puede leer entre sus manos: “Calla a menos que tus palabras sean más elocuentes que el silencio”.

De alguna forma es una actitud muy intelectual la de este personaje. Y es que Salvatore Rosa en su vida fue poeta, actor, pintor, grabador, músico y también escritor.

Para presentarse a sí mismo, lo hace como un filósofo, ya que tanto su traje como su gorro se relacionan con los estudiosos de la época. Lleva un manto oscuro, que le equipara con la personificación del “Silencio” en un poema de uno de los poetas del Renacimiento más venerados: Ariosto. Un personaje que en su momento fue retratado ni más ni menos que por el propio Tiziano.

Se sabe que Salvatore Rosa se formó como pintor en Nápoles. Pero su carácter ambicioso pronto le llevó a Roma. Sin embargo, ese mismo carácter no le ayudó a triunfar y le generó enemistades tanto con otros pintores como con su posible clientela. Un buen ejemplo es que se tuvo que ir a Florencia, donde trabajó para los Medicis. Pero cuando hablaba de ellos no dudaba en decir que los despreciaba.

Lo cierto es que Rosa parece no estar a gusto en su tiempo. Y eso también se manifiesta en este cuadro. Por ejemplo, él para su autorretrato no se inspira en el ideal de belleza del siglo XVII. Él siempre reivindicaba la libertad del artista.

Eso se manifiesta en sus retratos y en otras obras suyas de paisajes, en las que para llevar la contraria a sus contemporáneos plantea paisajes nada apacibles. Prefiere pintar selvas o montañas de lo más agrestes. Está claro que por todo esto no llegó a alcanzar altísimas cotas de triunfo en vida. Y sin embargo, en el siglo siguiente y aún en el XIX fue muy admirado por su carácter indómito y muchas de sus pinturas bastante macabras fueron muy del gusto del Romanticismo.

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