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Boceto de La Virgen y el Niño con Santa Ana y San Juan Bautista de Leonardo

Publicado por A. Cerra

Boceto de La Virgen y el Niño con Santa Ana y San Juan Bautista de Leonardo

Estamos ante un gran boceto conservado de Leonardo da Vinci. Una obra que es un papel de 142 x 106 cm. pintado con carboncillo y resaltes de tiza blanca. Un trabajo que se estima que el gran genio del Renacimiento realizaría entre 1499 y 1500.

La imagen presenta a Santa Ana teniendo en las rodillas a su hija que no es otra que la Virgen María, que a su vez tiene en brazos al Niño Jesús. El cual pese a su niñez ya está en actitud de bendecir al pequeño que tiene a su lado, que por supuesto es San Juan Bautista. Una obra muy valiosa pero también muy delicada por los elementos materiales del papel, el carboncillo y la tiza. Por ese motivo en la National Gallery de Londres se expone bajo unas condiciones muy tenues de luz y así evitar problemas de conservación.

Son muchos los paralelismos entre esta obra y otro lienzo que también se muestra en el museo de la capital británica. Nos referimos a La Virgen de las Rocas, ya que el tema es muy similar y el juego que generan los gestos y las miradas de los personajes es lo que realmente convierte a da Vinci en un maestro distinto a todos.

En este tipo de escenas supone unir por un lado la humanidad y el sentimiento más profundo de amor familiar con un sentido teológico de los gestos y actitudes. Cada mirada y cada sonrisa son un sello de la casa del autor y también un enigma por resolver que enriquece el cuadro.

Coloca las cuatro figuras formando una especie de pirámide a partir de las formas entrelazadas de los cuerpos. Son figuras poderosas, en primer plano y grandes, mientras que el paisaje que se intuye se va empequeñeciendo y alejando. Los personajes acaban siendo monumentales, y eso que el pintor ni siquiera los ha acabado por completo. Eso no impide que tengamos una perfecta sensación de su forma y de su conexión con el resto. Sin embargo es evidente que Leonardo ha dejado sin acabar las partes más difíciles, y donde cada personaje se une a otro todavía es una zona algo informe, borrosa e incluso manchada.

Esa es la magia del arte de Leonardo. Su capacidad de resolver imágenes con solo el poder de la evocación. Puede que él no acabe unas formas, pero consigue que las acabemos nosotros los espectadores. Una habilidad única y especial, un caso excepcional, y eso ya se valoraba en su tiempo. De hecho, se ha llegado a decir que su modo de pintar tan misterioso es incluso una forma de evocar los misterios de lo divino.