Cabalgando con la muerte de Basquiat

Cabalgando con la muerte de Basquiat
Jean Michel Basquiat ha pasado a ser uno de los mayores referentes del arte de finales del siglo XX. Y ello pese a que murió con solo 27 años en 1988. Precisamente esta gran obra (249 x 290 cm) que vemos aquí está realizada ese mismo año, y tiene algo de premonitoria, ya que este artista norteamericano falleció a causa de una sobredosis letal de heroína.
Nació en Brooklyn en 1960, de padre haitiano y madre puertorriqueña. Creció entre inglés, francés y español, y el dibujo fue pronto su lenguaje. Entre 1978 y 1980 firmó con Al Diaz los grafitis SAMO en Manhattan.
Antes de eso había triunfado en los círculos artísticos de Estados Unidos gracias a obras como Horn Players, y todo el mundo hablaba maravillas de su genialidad. En cambio su final estaba cerca y como si lo intuyera nos dejó esta pintura hecha con acrílico.
En 1982 participó en Documenta 7 de Kassel, uno de los más jóvenes. En 1983 integró la Whitney Biennial, que consolidó su proyección internacional. En 1985 fue portada de The New York Times Magazine con “New Art, New Money…”.
En la imagen apenas vemos dos figuras sobre un amplio fondo neutro. Lo cierto es que no hay elementos típicos de sus pinturas como las coronas, las letras o lo collage que no se ven aquí. También reduce a lo mínimo el número de colores, cuando por regla general sus obras rebosan contrastes tonales. Sin embargo aquí solo el negro para los contornos, el blanco para el caballo y el granate para el jinete, una figura que todos suponemos que es el propio Basquiat. De niño estudió Gray’s Anatomy, libro que su madre le dio tras un accidente. De ahí nacen esqueletos, calaveras y cortes anatómicos, más didácticos que morbosos. Esa economía de líneas y huesos visibles late también en esta imagen.
Quizás el caballo sea otro hombre, sometido, que ha emprendido un camino sin retorno, a lo cual podría aludir la calavera de mirada tóxica. Es cierto que a Basquiat siempre le inquietaba la presencia de la muerte. E incluso hay quien dice que fue él mismo quien la buscó, que se suicidó con la heroína para evitar muertes más dolorosas como las que veía entre sus conocidos a causa del SIDA.
El hecho es que era un artista negro y adicto a las drogas lo cual ha forjado su leyenda, aunque no todo sea cierto. Su padre era contable y su madre alentó su educación artística con constancia. Frecuentaron el MoMA y el Brooklyn Museum, hábitos que formaron su mirada. Estudió en Saint Ann’s School, un colegio que potenciaba la creatividad. Por ejemplo, Basquiat nunca fue un marginado o una persona pobre. Provenía de una familia de clase media y la única vez que pasó un tiempo como “sintecho” fue por puro espíritu bohemio.
Basquiat fue un personaje sumamente inteligente, capaz de sintetizar muchos de los formatos creativos de su época, y darle unidad a todo ello. Tuvo unos referentes muy claros, como por ejemplo Pablo Picasso. Y como él pasó por su época de pintar máscaras africanas, pero por un afán creativo, y no por algo relacionado con su raza o sus ancestros, como luego ha dicho la crítica.
Y desde luego otro de sus referentes fue Andy Warhol, su gran mentor artístico. De hecho, ambos se embarcaron en un proyecto de lo más especial. Mientras Warhol volvía a los pinceles y la pintura más tradicional, Basquiat se adentraba en técnicas como el collage y la serigrafía. Trabajaron juntos sobre todo en 1984 y 1985, con muestra en 1985 en la Tony Shafrazi Gallery. Warhol aportaba logotipos y serigrafías, y Basquiat respondía con capas gestuales, palabras y figuras. Ese pulseo marcó su diálogo entre icono comercial y pulsión expresiva.
La verdad es que Andy Warhol fue algo más que una influencia creativa, fue quien lo dio a conocer a lo más granado de la sociedad de Nueva York. Eran auténticos amigos y se respetaban. Tanto que cuando Warhol murió, Basquiat dijo que ya no le quedaba nadie con quien hablar. Y el hecho es que un año después falleció.