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Cristo muerto con dos ángeles del Guercino

Publicado por A. Cerra

Giovanni Francesco Barbieri (1591 – 1666) ha pasado a la historia como Il Guercino, o sea, «el bizco» debido obviamente a su estrabismo en los ojos. Una característica que no le impidió desarrollar su carrera pictórica y alcanzar un gran reconocimiento en su época, tanto en Italia como en otros lugares de Europa.

Cristo muerto con dos ángeles del Guercino

Sus referentes fueron las dos escuelas italianas que dieron lugar a la pintura barroca. Por un lado estudió y aprendió mucho del arte de los hermanos Carracci en Bolonia, ciudad muy próxima a su origen. Y por otro también descubrió el arte de Caravaggio. Así que en sus obras se pueden ver elementos del clasicismo boloñés y de los claroscuros típicos de los cuadros de Caravaggio. Si bien aportó sus propias notas personales, dándole un gran lirismo a toda esa fusión.

Y todo eso lo logró de un modo autodidacta, practicando mucho e incluso aprendiendo mientras él mismo se dedicaba a enseñar en una peculiar Academia de Desnudo que fundó. De esa fase es deudora esta pequeña obra, la cual es un óleo pintado sobre una plancha de cobre (37 x 44 cm). Una pieza que en la actualidad guarda la National Gallery de Londres.

Sin duda la representación de Jesús muerto es fruto de los muchos estudios y bocetos hechos al natural y con un modelo ante sí. Eso en cuanto a la forma y la postura, pero lo verdaderamente valioso es su dominio del color y las gradaciones, sombras y brillos que es capaza de generar.

Por ejemplo, fijémonos en los dos ángeles, uno vestido de rojo y otro de azul. Esos tonos se funden con el cielo y se mezclan con el color tierra hasta crear tonos cenizas, violetas y ocres. Todo un derroche de colores que todavía hacen destacar más el cuerpo desnudo y brillante de Cristo ocupando la zona izquierda de la imagen.

Es una obra brillante, que realizó en una fase temprana entre 1617 y 1618. De hecho, cuando dejó Bolonia y se fue a Roma se la llevaría con él. Aunque lo cierto es que conforme puede pasando el tiempo en la ciudad de los Papas, su estilo fue perdiendo esos sutiles juegos de luces y sombras, así como perdía naturalidad y riesgo en las posturas. Al fin y al cabo tenía una dura competencia con otros artistas en Roma, así que se adaptó a la condiciones del mercado artístico y fue ganando en clasicismo.

No obstante, tras ese periodo romano que le sirvió para aprender y ganar mucho prestigio decidió regresar a su región natal y ahí pudo demostrar todo su arte realizando numerosas obras de caballete, encargadas por clientes de media Europa. E incluso fue requerido en las cortes de Inglaterra o de Francia, pero rechazó esas ofertas, y desde Cento, su pueblo, y desde Bolonia, hizo algunas de sus mejores obras.

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