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Cupido cautivo de Boucher

Publicado por A. Cerra

Cupido cautivo de Boucher

Al pintor francés Francois Boucher (1703 – 1770) lo podemos considerar como el gran iniciador de la pintura rococó. Y es así tanto porque inauguró una serie de temas y actitudes propias de este movimiento artístico, y también porque fue el maestro de Jean Honoré Fragonard, quien con obras como El columpio se iba a convertir en el gran pintor rococó de la época.

Boucher fue quien primero pintó las pinturas de temas mitológicos con un espíritu claramente exhibicionista. Tanto es así que su arte en algunos momentos no solo se calificó como muy erótico, sino que incluso las personalidades más biempensantes de la época, como fue el caso de Denis Diderot, lo tildaron de pornográfico.

Sin embargo, eso no fue impedimento alguno para que triunfara, y sus pinturas fueran deseadas por la aristocracia dieciochesca, la cual de alguna forma se sentía muy identificada con esa forma de plasmar la sexualidad como algo festivo y también refinado. Sin olvidar que a su extraordinario éxito también ayudó que fuera el pintor favorito de Madame Pompadour, la dama más influyente de la época al ser la amante de Luis XV, y a la que retrató en diversas ocasiones.

Buena muestra del arte que desarrolló Francoise Boucher es este óleo sobre lienzo titulado Cupido cautivo. Una obra que realizó en el año 1754 y que actualmente forma parte de la Colección Wallace ubicada en Gran Bretaña.

En este cuadro el pintor nos está planteando rizar el rizo, haciendo que Cupido, el dios del amor, caiga en su propia trampa. Ya no es el imprevisible niño que lanza sus dardos ardientes a los demás, sino que es él quien está prisionero en un idílico jardín, donde lo custodian unas ninfas desnudas.

En obras como estas no es difícil establecer paralelismos con pintores anteriores que fueron verdaderas referencias para Boucher. Uno de ellos es Antoine Watteau cuya obra había estudiado en profundidad durante sus años de formación. Y otro es Rubens, de quien sabe captar no solo la voluptuosidad de los cuerpos, sino sobre todo la transmisión de enorme vitalidad a sus escenas.

Sin duda el arte de Boucher irradia toda la atmósfera galante del Rococó. Y también el espíritu decorativo de aquel momento artístico. De hecho, en la gran mayoría de encargos que recibía ya sabía en qué estancia y en qué lugar preciso de los palacetes aristocráticos iba a ser colocado su cuadro. Una ubicación que él tenía muy en cuenta a la hora de planear las perspectivas, ángulos de visión, escalas y proporciones de los personajes.

Por lo tanto todo cuadraba, la estética era la adecuada, el espíritu festivo era transmitido y la obra encajaba a la perfección con su entorno. De ahí que no le faltara jamás el trabajo. Y no solo pintó, sino que también hizo multitud de diseños para tapices, cerámica e incluso vestuario y escenografías.