Dust to dust de Denis Peterson

Dust to dust de Denis Peterson
El protagonista de esta pintura hiperrealista es un hombre que vivía en la calle, y para titular tal escena el artista estadounidense Denis Peterson eligió una frase de ecos religiosos como es “polvo al polvo” (Dust to dust). Una frase que se suele emplear en los ritos funerarios. Es decir, podemos deducir que el hombre que vemos va a morir muy pronto, o incluso que ya esté muerto. Pero pese a tal situación y tristeza, la sociedad lo contemplamos sin prestarle mayor atención, un hombre muerto en mitad de la calle nos puede pasar desapercibido.
En cuanto a la técnica del cuadro, nos puede parecer una fotografía, lo que todavía le aportaría un valor periodístico a la imagen. Sin embargo, es una pintura realizada sobre lienzo y con colores acrílicos. Es el estilo hiperrealista que han trabajado otros artistas del siglo XX y comienzos del XXI como el español Antonio López o el ruso Serge Marshennikov, pero en este caso con un claro contenido social y de denuncia.
Al fin y al cabo se trata de un hombre del estrato social más bajo, que igualmente tiene derecho a ser retratado. Y lo hace con un extraordinario detallismo en la figura, aunque el entorno donde coloca al indigente es absolutamente estéril y vacío.
Al hombre, aunque su rostro esté tapado por la gorra, se le ve la barba y que lleva el pelo largo. Unos rasgos que podemos identificar con la figura de Jesucristo. También se puede intuir que se trata de un rostro demacrado por el hambre. Su postura de persona tirada en el suelo lo dice todo, respecto a su abandono. Es como una instantánea tomada por un viandante, desde el punto de vista de alguien está de pie.
Por otra parte, la intención del pintor cuando acabó la obra en 2006 era que trasladara una absoluta ausencia de emociones. No pretendía conmover, sino solo exponer y trasladar las sensaciones físicas de la figura y la escena. Y para su sorpresa, cuando se expuso la obra, hubo muchos espectadores que alcanzaron tales sensaciones físicas del cuerpo que tenían ganas de tocarlo, algo que a casi nadie se le ocurriría frente a una escena semejante en la realidad.
Además de ello, aunque la composición del entorno es algo neutro, todo muy austero y sin detalle alguno, sí que podemos detenernos en algunos elementos muy llamativos. Por ejemplo, la conocida marca de las zapatillas del personaje. Una marca de prestigio y cara que no parece la más lógica para una persona en tales circunstancias. Sin embargo, a lo largo de la carrera de Peterson este tipo de elementos publicitarios son habituales, y suelen acarrear carga crítica.
Y la tragedia todavía es mayor si nos fijamos en el diario sensacionalista que hay junto al hombre. Es The Star, y en su portada se habla de un crimen.