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El rapto de las hijas de Leucipo de Rubens

Publicado por A. Cerra

Esta obra se conserva en la actualidad en Alemania, concretamente en la Alta Pinacoteca de Munich.

Fue pintada por Peter Paulus Rubens en el año 1618 y es un buen ejemplo de la pintura de temática mitológico de este artista del Barroco.

En su amplia producción de obras con escenas basadas en la mitología clásica, Rubens se muestra como un gran intérprete de las fábulas paganas de origen grecolatino. Pero sobre todo se pueden apreciar algunas de sus más valoradas habilidades como pintor. Entre ellas su fabulosa maestría para pintar cuerpos desnudos, convirtiéndose en un digno heredero de la concepción del cuerpo humano de Miguel Ángel para el desnudo mezclando ese profundo conocimiento de la anatomía del hombre con la sensibilidad de Tiziano para pintar todo lo relacionado con el género femenino. Una muestra de ello la podemos ver en esta obra con tan solo fijarnos en los músculos broncíneos de los personajes masculinos en claro contraste con la piel nacarada de las muchachas que están siendo raptadas.

Rapto de las hijas de Leucipo

Rapto de las hijas de Leucipo

En realidad este tipo de composiciones de carácter mitológico, Rubens las usa como una magnífica excusa para plantear en sus obras composiciones basadas en los juegos de luces y sombras, que van resbalando por las sinuosidades de la estructura de la escena. Es decir, estilo barroco en su máxima expresión.

Todo en la imagen aparenta estar en movimiento y vivo: los músculos están en tensión, las diagonales de la composición, las posturas de todos los personajes, la lucha entre los raptores y las raptadas, el movimiento agitado e inquieto de los caballos, todo ello es de una tremenda energía. Si nos fijamos con atención podemos ver como todo el dinamismo de la escena se basa en la línea sinuosa que va del caballero de la izquierda hasta el brazo de la mujer que aún está en tierra. Aunque no es ésta la única línea de fuerza en la composición, ya que hay otras, pero siempre acaban confluyendo en esta diagonal principal que organiza la escena y todo su dramatismo.

Otra de las características de la pintura de Rubens que apreciamos en esta obra es su gusto por las mujeres más bien gruesas. Se trata de figuras redondas, de curvas bien marcadas, algo que cuadra a la perfección con su estilo pictórico, además de con su propio gusto personal, ya que sabemos por retratos de la época que su segunda esposa, Isabel Fourment, era más bien delgada al casarse con Rubens, sin embargo al poco tiempo ya había ganado bastante peso para satisfacer a los gustos de su marido.

Esas mujeres de carnes abundantes le permiten a Rubens pintar posturas que parecen arabescos, lo que unido a la importante superficie que ocupan en la tela, el volumen que transmiten y ese color tan característico de los desnudos femeninos del pintor flamenco hacen que sean figuras que posean una tremenda intensidad y gran fuerza en la escena, atrayendo nuestras miradas entre el maremágnum de posturas, ropajes y caballos.

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