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Erupción del Vesubio de Volaire

Publicado por A. Cerra

En la segunda mitad del siglo XVIII comenzó a ponerse de moda un gusto por lo pintoresco y los artistas se dedicaron a buscar ese tipo de escenas para satisfacer esa demanda. Un magnífico ejemplo de ello fue el pintor francés Pierre Jacques Antoine Volaire.

Este personaje no dudó en mudarse en el año 1769 a la ciudad italiana de Nápoles. Y no para estudiar el arte antiguo como habían hecho otros muchos artistas antes que él. Sino para observar de cerca las erupciones del volcán Vesubio y después pintarlo. Algo que hizo en numerosas ocasiones, porque aquí solo mostramos dos cuadros con esa temática, pero lo realizó en cuantiosas obras.

Erupción del Vesubio de Volaire

Y, ¿por qué pintó tantas veces lo mismo? Muy sencillo porque había un montón de coleccionistas y aficionados que compraban este tipo de cuadros. Sobre todo los compradores eran aristócratas extranjeros que estaban viajando por Italia, y lo mismo adquieren este tipo de obras que las vedute venecianas de Canaleto.

Son cuadros que siguen todos los patrones marcados por el pintoresquismo. Es decir, son escenas que producen un fuerte impacto en el espectador, tanto desde un punto de vista visual como emotivo. Lo que se quiere es implicar a quien ve la obra en ese ambiente, en este caso de destrucción y devastación.

Ese impacto visual aquí se basa claramente en el fuerte contraste que nos proponen los intensos tonos de la lava ardiente y de las llamas con la oscuridad de la noche y el cielo. Unos colores rojos, naranjas, amarillos que crecen hacia lo alto y también en superficie al verse reflejados en las aguas de la bahía, donde hay barcos que vemos al contraluz.

Otra erupción del Vesubio de Volaire

Pero además del espectáculo natural, los cuadros de Volaire siempre nos dan una referencia humana, a veces con gentes huyendo de la catástrofe, en otros casos son hombres y mujeres que no pueden dejar de mirar esa incontenible fuerza del volcán, e incluso también hay ocasiones en los que nos lo presenta en plenos ritos como la celebración de procesiones que tienen la esperanza de aplacar el fuego y las llamas.

Por otra parte, este tipo de escenas en muchos casos él las realizaba en su taller fundiendo cosas vistas en distintas erupciones, de manera que eran un compendio de sus observaciones, así que mezclaba fantasía y realidad, lo cual no era impedimento para su posterior venta a los acaudalados viajeros que estaban dispuestos a llevarse un sinfín de recuerdos pintorescos de su Gran Tour por tierras italianas.

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