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Fiesta de campesinos de Brueghel el Joven

Publicado por A. Cerra

Pieter Brueghel el Joven (1554 – 1638) continuó con un género pictórico que había desarrollado enormemente su padre, Brueghel el Viejo (h. 1525 – 1569). El padre realizó innumerables telas que reflejaban los usos y costumbres del campesinado en los Países Bajos del siglo XVI. Los ejemplos son cuantiosos como la Boda aldeana o La siega del heno. Y su hijo prosiguió con esa temática con creaciones como La fiesta de los campesinos. Un cuadro que hizo en el año 1600 y que se conserva en el Museo Rolin de la ciudad francesa de Autun.

Fiesta de campesinos de Brueghel el Joven

En este caso estamos ante una escena desbordante de personajes y de jolgorio. Todo es diversión, y también todo es exageración. El pueblo entero está bailando desenfrenado, bebiendo, y lo hace en actitudes por momentos casi obscenas. Es un cuadro absolutamente repleto de escenas pequeñas, con infinidad de personajes. Pero si nos fijamos de uno en uno, todo está contado con escrupuloso detalle, y acaba por tener sentido dentro el frenesí general de la escena.

Ese amor por el detalle es algo que durante siglos ha caracterizado a la pintura flamenca. Un detalle que se lleva hasta lo más minúsculo, y que por supuesto Pieter Brueghel el Joven sabe realizar, ya que en su caso a la tradición local hay que sumarle que su padre también fue un maestro a la hora de pintar detalles, aunque fuera auténticas miniaturas.

La verdad es que como aprendizaje realizó muchas copias de las obras de su padre. De algunas de ellas hizo hasta diez versiones, hasta que aprendía todo aquello que consideraba que le podía ofrecer. Y tras ese aprendizaje se lanzó a crear sus propias escenas, en las que sin duda hay una clara deuda con su progenitor, no solo en cuadros como este de campesinos, sino también en otros de carácter más paisajístico o de espíritu más alegórico.

No obstante, la herencia paterna alcanza su cenit en cuadros como el de la Fiesta de campesinos. El cual es todo un deleite contemplar con tranquilidad, parándose a ver los bailes, fijarnos en los gestos de los muchos borrachos que pululan por la tela o casi sentir el ritmo de la música que lo envuelve todo y lo anima.

En definitiva un tipo de escena popular que no solo hicieron en distintas ocasiones los Brueghel, también otros pintores de la época. Y es que fue un género de enorme éxito popular. Y ello con el añadido de que no se puede negar cierto tono ambiguo, ya que según se mire puede haber una crítica a las costumbres rudimentarias, y a veces desmadradas, del pueblo, o bien se puede entender que pese a su humildad y la simpleza de su vida, sabían hacer frente con alegría al duro día a día.

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