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Lavabo y espejo de Antonio López

Publicado por A. Cerra

Lavabo y espejo de Antonio López

Al pintor español Antonio López se le considera uno de los grandes maestros del estilo hiperrealista, si bien él siempre ha procurado que sus obras se vean desde el primer momento como pinturas, y no como fotografías tal y como aparentan los lienzos de otros hiperrealistas.

Y un magnífico ejemplo del trabajo de este arte es su cuadro Lavabo y espejo de 1967. De hecho esta obra que hoy guarda el Museum of Fine Arts de Boston, en Estados Unidos, es una de sus creaciones más icónicas junto a su famosa vista de la Gran Vía de Madrid.

En este óleo recreó el cuarto de baño del estudio madrileño donde trabajaba por entonces. De hecho, el estudio estaba en el sótano de la casa familiar. Y aunque el baño era un espacio angosto, el propio López siempre ha comentado que trabajó muy a gusto y cómodo, entre otras cosas porque era trabajar en casa. Algo muy importante, teniendo en cuenta que Antonio López tiene un proceso creativo lentísimo, y ha llegado a pasarse hasta décadas con algunas de sus obras.

En este caso también la pintura se dilató durante mucho tiempo, pero el efecto de realismo es absoluto, pintando incluso la suciedad que se acumulaba por el paso del tiempo. No obstante hay dos detalles que parece contradecir ese hiperrealismo. Por un lado, el pintor usó dos perspectivas diferentes en la imagen. Una perspectiva frontal para la mitad superior con el espejo y otra cenital para el lavabo. Ambas separadas por una franja horizontal de las baldosas.

Y el segundo elemento que rompe la idea de hiperrealismo es al ausencia de un reflejo en el espejo. Si alguien lo mira de frente, como el pintor, debería verse su rostro. Aquí está el encanto del cuadro que de alguna forma incluye un autorretrato ausente. Porque no se ve su cara, pero ese rostro se representa con todos los útiles personales que hay sobre la repisa, una verdadera naturaleza muerta. Por cierto, hay aparecen objetos de higiene y cosmética tanto masculina como femenina, y es que no hay que olvidar que María Moreno, esposa de Antonio López, también ejercía el arte de la pintura. Así que podría entenderse incluso como un doble retrato.

Si bien, quizás no quiso autorretratar a individuos, sino a un oficio, ya que todos esos útiles como una barra de labios, los cepillos de dientes, la brocha de afeitarse, el jabón o los peines se podrían emparentar con instrumentos de pintura. Mientras que el espejo sin reflejo sería el lienzo en blanco. O sea que sería la representación de un pintor o pintora.