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Madonna Rucellai de Duccio

Publicado por A. Cerra

Duccio Bounisegna (1255/60 – 1319) es uno de los máximos exponentes de la pintura gótica italiana, y concretamente de la llamada Escuela de Siena, de hecho desarrolló prácticamente toda su producción pictórica en esa ciudad toscana, con obras tan representativas como la Maiestá de Siena.

Madonna Rucellai de Duccio

Madonna Rucellai de Duccio

Sin embargo, esta otra tabla pintada al temple la hizo hacia el año 1285 para la iglesia de Santa María Novella de Florencia, concretamente para la poderosa familia Rucellai, de ahí el nombre de la obra. Si bien en la actualidad, la obra está expuesta en la Galería de los Uffizi de la misma ciudad de Florencia. Un gran museo para una gran obra, y no solo por su calidad, sino también por su tamaño, porque esta tabla mide 450 cm de alto por 290 de ancho.

Las características propias de la Escuela sienesa de pintura se relacionan con la elegancia, la delicadeza, el tono poético. Y todo ello en pinturas donde el elemento más determinante es la línea. Y de alguna manera muchos de estas características las inauguró el arte de Duccio y acabarían siendo perfeccionadas por su discípulo más destacado: Simone Martini, autor de su famosa Anunciación.

El hecho de que Siena destacara en aquel momento histórico no es muy extraño, ya que por aquel entonces, la ciudad sienesa estaba en pleno apogeo económico con una acaudalada burguesía de comerciantes y banqueros. Y obviamente esos personajes enriquecidos fueron los que se convirtieron en mecenas y encargantes de muchas de esas obras desde finales del siglo XIII y durante el siglo XIV, y no solo encargando obras de pintura, sino también de escultura como el famoso Púlpito de la Catedral de Siena, obra de Nicolá Pisano.

Sin embargo, esa prosperidad económica de la ciudad nunca fue algo que también disfrutara Duccio Buonisegna. De hecho, las noticias que tenemos sobre su biografía son bastantes ejemplos sobre las deudas que mantenía el pintor, así como los recelos de los clientes e incluso sobre las multas que sufría debido a su poca seriedad a la hora de cumplir los plazos y condiciones pactadas. Eso de alguna manera nos habla de una persona de un carácter un tanto disperso y peculiar.

No obstante, eso no se manifiesta en absoluto en su pintura. Sus obras se sitúan en la más estricta tradición eclesiástica y sin duda responden a la vieja idea de una gracia divina que lleva al idealismo en las figuras. De hecho, a eso se debe que por regla general sus personajes son de una estatura muy alargada.

Estamos en el Gótico, por eso se trata de figuras donde abundan los convencionalismos, como las escalas distintas dentro de una misma escena, de acuerdo a la importancia de los personajes, o los típicos fondos dorados, que de alguna forma son al mismo tiempo una influencia del arte de los mosaicos bizantinos y también aportan su toque de lirismo a las imágenes.

Categorías: Gótica, Pintura