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Tarde en Nápoles de Cezanne

Publicado por A. Cerra

Esta pintura de Tarde en Nápoles que Cézanne realizó en 1875 y que en la actualidad forma parte de la colección de la Galería Nacional de Australia en Canberra, seguramente no sea el trabajo más conocido del pintor francés, pero es una pequeña tela (37 x 45 cm.) que resume en sí misma muchas de las características, tanto temáticas como estilísticas de Paul Cézanne.

Tarde en Nápoles de Cézanne

Por ejemplo, son muchos de los cuadros que el pintor dedicó a mostrar cuerpos desnudos, como en su amplia variedad de bañistas. Al igual que en algunas de esas imágenes se respira un tono erótico evidente. Y desde luego en la tela del museo australiano se dan ambos elementos.

Se nos muestra como una sirvienta de raza negra abre un cortinaje y nos deja ver una pareja desnuda tumbados en una cama. En una postura de lo más relajada, posiblemente después de hacer el amor, contemplando sus cuerpos, la habitación y el entorno napolitano por la ventana que se ve en la pared. Mientras la sirvienta les trae un refrigerio sobre una bandeja. La cual por cierto también va casi desnuda, aportando color, moviemiento y reforzando la idea de una escenario de lo más relajado e íntimo.

Está clara la atmósfera tan sensual de la escena, para lo cual posiblemente tuvo como referente algún cuadro de Delacroix. Y tal vez por ese palpable erotismo, la obra no fue aceptada en el Salón de Artistas de aquel año. En realidad, le rechazaron todos los cuadros que presentó, quizás porque esos desnudos no tenían nada que ver con capítulos mitológicos o históricos, o quizás por su estilo único y diferente a todo lo visto hasta entonces. De hecho, Cezanne, quien había pasado bastante tiempo pintando con Camille Pissarro ya estaba yendo un paso más allá del Impresionismo. Si este este estilo todavía no era demasiado bien visto por los sectores más tradicionales del arte, Cezanne iba un poco más lejos y avanzaba hacia las nuevas formas del Postimpresionismo.

Aunque incluya referencias a grandes obras, como el espejo que hay en el cabecero de la cama, que puede remitir a otras obras de siglos anteriores, lo cierto es su forma de pintar es distinta. Usa una pincelada tan rápida como empastada. Toda la expresividad y la forma se basan en pasta cromática, la cual luego perfila con líneas oscuras.
Por otra parte hay un bodegón, un tema especialmente querido por el pintor. En este caso como accesorio y ubicado a modo de decoración en la alacena abierta en la pared del fondo. Y además está el juego geométrico que tanto le gusta a Cezanne. Es su forma de concebir el espacio y también los cuerpos, que ya empiezan a ser cortados por planos de color.

A modo de curiosidad hay que decir que Cézanne nunca estuvo en Nápoles. Sin embargo, fue un amigo suyo quien le sugirió este título, ya que le recordaba el ambiente diletante y lleno de tópicos con el que muchos franceses vinculaban esa zona de Italia.

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