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Venus en un paisaje de Lucas Cranach

Publicado por A. Cerra

Esta obra del pintor alemán Lucas Cranach “El Viejo” en el año 1529 pertenecería a una serie de cuadros que tenían por tema la diosa mitológica Venus y el desnudo femenino. Unas obras que realizó abundantemente Cranach y su taller, especialmente para satisfacer los gustos intelectuales de los humanistas alemanes de las primeras décadas del siglo XVI. Estos humanistas, sin duda, fueron los mejores clientes con los que contó el artista. Y es que son bastante habituales en su producción las obras basadas en relatos de la Antigüedad, como por ejemplo su obra La Edad de Oro.

Venus en un paisaje de Lucas Cranach

Venus en un paisaje de Lucas Cranach

Por lo tanto, se puede decir que esta temática era muy del gusto del incipiente pensamiento renacentista que estaba llegando a tierras germanas. No obstante, el aspecto de este cuadro está íntimamente emparentado con la tradición del Gótico alemán. Nos presenta una mujer de aire juvenil, con formas muy gráciles, senos pequeños, caderas estrechas y rostro de frente convexa. Un estereotipo de belleza que se venía repitiendo en las mujeres y representaciones de vírgenes de la pintura alemana desde el siglo XIV.

Sin duda, el aspecto de la cara y del cuerpo de esta Venus en un paisaje de Cranach contrasta mucho con la Eva pintada por Albert Durero, un pintor contemporáneo y compatriota, que había realizada un famoso estudio anatómico sobre Adán y Eva en el año 1507.

En el caso de la Venus de Cranach, también la postura es fruto de la tradición pictórica de su país, porque la posición de las piernas cruzadas era la más habitual. Y es que se consideraba que ese modo de andar como ondulante era todo un signo de elegancia de las mujeres.
Como curiosidad, se ve que la mujer viste únicamente un velo transparente, que lógicamente no le cubre nada. En este caso, se sabe que este velo es el original que pintó Cranach, ya que hay otras obras suyas de temática semejante, que se incorporaron ese tipo de velos con posterioridad.

Al observar la obra se puede comprobar que todo el protagonismo reside en el cuerpo de la mujer, ya que su tono de blanco marfil es realzado enormemente por el fondo verde de la vegetación.

Este cuadro que posee el Museo del Louvre de París es un excelente ejemplo del tipo femenino que creó este artista. Una belleza de extraña y también refinada sensualidad, con un toque casi inquietante. Y es que es muy curioso que aunque ideológicamente contara con el apoyo de los intelectuales humanistas de su tiempo, su modo de pintar es propio de fines del Medievo y muy gótico, aunque siempre tratado de un modo muy personal.

Categorías: Gótica, Pintura, Renacimiento