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Esclavo moribundo de Miguel Ángel

Publicado por A. Cerra

Esta es otra de las esculturas de su grupo de esclavos, de idéntica cronología (1513 – 1520) al Esclavo que despierta, aunque en este caso se conserva y expone en el museo del Louvre de París.

En este caso ha elegido para su representación el momento en el que la vida escapa del personaje y el cuerpo es entregado a las leyes de la materia inerte, como el propio mármol donde esculpe la figura. Es un instante de distensión total del cuerpo y de descanso de la lucha por la vida, en definitiva, un momento de laxitud y resignación.

Esclavo moribundo

Y aún así, cuando se contempla esta obra la impresión es de qué se mueve, lo cual era uno de los propósitos con los que la concibió Miguel Ángel. Y es que uno de los grandes logros de Miguel Ángel como escultor es que cuanto más agita y contorsiona a sus figuras más firmes y sólidas consigue crearlas.

Y eso se debe a que Miguel Ángel respetaba de forma escrupulosa la materia del bloque de mármol en el que trabajaba. Por mucho movimiento, torsiones y tensiones que imprima a sus figuras, siempre se trata de un movimiento que vuelve sobre sí mismo. Por muy intrincada que sea la composición y por mucho contrapposto que haya en la postura, nunca ese movimiento traspasa los límites ideales del bloque de mármol.

Este Esclavo moribundo como el resto de esculturas del grupo de los esclavos estaba destinadas a formar parte de la tumba del Papa Julio II, uno de los mayores benefactores que tuvo Miguel Ángel a lo largo de toda su vida. En el proyecto de su tumba invirtió muchos años de trabajo. De hecho, comenzó a trabajar en él ya en el año 1505, cuando todavía vivía el pontífice Julio II. Sin embargo, ese primer proyecto fue sufriendo innumerables modificaciones con el paso del tiempo, incluyendo cambios de ubicación dentro de la Basílica de San Pedro del Vaticano.

Por esa razón el artista se vio obligado a variarlo en diferentes ocasiones, además de que sus proyectos tenían un coste enorme y finalmente la tumba definitiva es mucho más austera que cualquiera de las ideas originales de Miguel Ángel. No obstante, en la Tumba del Papa Julio II que hoy se puede visitar está una de las obras más emblemáticas del Renacimiento y de toda la Historia del Arte: el Moisés.

Y además, que no se realizara según los planes primigenios de Miguel Ángel, ha hecho que sus esclavos quedarán parcialmente inacabados, lo cual es una enorme ventaja para descubrir su método de trabajo, así como para conservar unas obras muy personales del artista y que se consideran obras cumbres de su producción y tremendamente influyentes en la escultura posterior.

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