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Convento de San Francisco de Salvador de Bahía

Publicado por A. Cerra

La ciudad de Salvador de Bahía conserva en perfecto estado su núcleo antiguo, conocido como Pelourinho. Un casco viejo que se corresponde con lo que fue la antigua capital de Brasil durante los siglos que fue una colonia de Portugal. Así pues en esas calles, todavía empedradas se guarda un rico conjunto monumental que está catalogado desde hace décadas como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Interior de la iglesia de San Francisco de Salvador de Bahía

Pues bien, de todas las joyas arquitectónicas de ese conjunto muchas son iglesias. Se dice que hay hasta 350 templos en esa ciudad, y de todos ellos el más espectacular sin duda alguna es el Convento de San Francisco, que conserva tanto su iglesia como su claustro.

Es un magnífico ejemplo del arte barroco colonial portugués. Originalmente la iglesia se comenzó a finales del siglo XVI cuando llegaron hasta aquí los monjes franciscanos. Pero aquella primera construcción fue destruida. Y un siglo más tarde, en 1686 se comenzó a levantar el actual templo.

Pero contrastando con el espíritu de sobriedad franciscano, el proyecto era francamente grandioso, y es que en ese momento también era muy importante la influencia de la poderosa orden de los Jesuitas. Por eso la construcción se alargó durante décadas. Primero desde un punto de vista arquitectónico, ya que no se culminó hasta 1723. Y después para terminar todo su programa decorativo, cuya elaboración se alargó hasta 1755.

El resultado es una obra que está a la altura de las grandes creaciones del arte barroco en Portugal como puede ser la iglesia dos Clerigos en Oporto o el Palacio Monasterio de Mafra. Si bien, la categoría al templo de Bahía se la confiere su derroche decorativo.

Eso ya se manifiesta en el claustro del convento, donde hay unos estupendos azulejos que representan el ciclo de la vida de San Francisco. Este arte de los azulejos es algo emblemático de las artes decorativas de Portugal, y allá donde hay territorios que fueron colonias del país luso, se pueden ver ciclos decorativos de este estilo.

No obstante, lo más llamativo de la iglesia de San Francisco de Salvador de Bahía es el interior del templo. En él sus tres naves están completamente recubiertas con cientos de kilos de lámina de oro (no se ponen de acuerdo los cronistas locales y los datos tan pronto dicen que 400 kilos como una tonelada). El caso es que está todo recubierto de pan de oro, dándole un aspecto extravagante, a lo que hay que sumar la temática de los motivos que se tallaron que van desde los típicos angelitos a la flora y fauna tropical. En fin, una muestra del recargamiento y la fantasía propia de finales del Barroco, sumado a la exuberancia consustancial a las tierras tropicales. Algo que también se manifiesta por ejemplo en el estupendo coro labrado en madera de jacarandá que posee el templo.

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