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El Manneken Pis

Publicado por A. Cerra

Hay ciudades cuyo símbolo es una escultura. En algunos casos esas esculturas son verdaderas obras maestras como el David de Miguel Ángel en Florencia o en otros casos son realizaciones con una fuerte carga histórica como es la Estatua de la Libertad en Nueva York, obra del francés Bartholdi. Luego hay otras ciudades simbolizadas por una escultura que en principio tuvieron un contenido local pero que finalmente han trascendido a la internacionalidad, como es el caso de La Sirenita de Copenhague o el Manneken Pis de Bruselas que aquí nos ocupa.

Manneken Pis en Bruselas

Manneken Pis en Bruselas

Esta pequeña escultura de apenas 60 centímetros de altura corona una diminuta fuente en el centro de la capital belga. La obra se realizó en bronce en el año 1619 por el escultor Jerôme Duquesnoy el Viejo. Y desde entonces es una de las más queridas por los belgas y admiradas por sus visitantes. De hecho, hay réplicas de esta misma escultura barroca en otras ciudades del país como Haselt, Broksele o Geraardsbergeen.

Popularmente esta figura es conocida como Le Petit Julien. Lo cual alude a una de las interpretaciones que se ha hecho sobre el significado de la escultura. Según esto, se supone que para su realización posó Julien, el hijo del conde Godofredo de Lorena que por entonces gobernaba como representante del Imperio Austriaco en los Países Bajos. Sin embargo, otra teoría dice que la escultura representa a un niño que tras una batalla en Bruselas orinó sobre una bomba y evitó que está detonará.

Hay más interpretaciones sobre esta representación. Según otros estudiosos, se dice que la figura muestra al hijo del propio escultor, que se había perdido y finalmente lo hallaron orinando en el mismo lugar donde está la escultura. Y según otras teorías, la imagen representaría a Godofredo II de Brabante, el cual siendo un niño, para protegerlo, lo guardaron en una cesta colgante en un árbol, y desde ahí el niño se levantaba a orinar cuando pasaban los enemigos.

Independientemente de cualquiera de esas explicaciones, la realidad es que la obra más allá de su calidad artística, ha trascendido el arte propiamente dicho, y ante todo es una figura popular. Tanto que alrededor de ella se ha generado toda una industria turística en forma de souvenirs y no hay visitante que vaya a Bruselas que no se acerque hasta ella para fotografiarla.

Y además de ser un emblema turístico, es un ejemplo de cómo a veces el arte, aunque no sea de primera fila, puede transformarse en un hecho cultural a nivel popular. Por ejemplo, el Manneken Pis de Bruselas se nos muestra broncíneo y desnudo, pero se convierte en un maniquí es fechas puntuales de las celebraciones de la ciudad, e incluso de toda la Unión Europea, ya que entonces se le viste para la ocasión. De hecho, posee un armario de varios centenares de traje que a modo de tesoro se custodian y exponen en el Museo de la Ville de Bruxelles.

Y no solo eso, sino que al amparo de la figura del niño meón del Manneken Pis han surgido nuevas esculturas de temática similar en la ciudad, éstas ya hechas en época contemporánea. Como es el caso de la Jeanneke Pis que es la versión infantil femenina del mismo acto. E incluso, repartidos por la ciudad hay varias esculturas del Zinneke Pis, que no representa otra cosa más que un perro que mea.

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