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Los caballos de San Marcos

Publicado por A. Cerra

La Basílica de San Marcos en Venecia es uno de los monumentos más bizantinos que se pueden encontrar fuera de Bizancio, o sea la actual Estambul y la vieja ciudad de Constantinopla. Es un templo que de hecho fue proyectado por arquitectos provenientes de esa ciudad en el siglo XI, y donde se incorporaron un sinfín de mosaicos de ese estilo.

Caballos de San Marcos originales

No obstante desde que se construyó, la basílica no paró de ornamentarse con más elementos que traían los mercaderes venecianos o que donaba el dux de Venecia, que al fin y al cabo era el propietario del templo, ya que la usaba como su capilla privada.

Pues bien, entre todas esas cosas que se fueron añadiendo, en el siglo XIII llegó un verdadero tesoro, y curiosamente también procedente de Constantinopla. Estamos hablando de los Caballos de San Marcos. Y también en aquella época, y fruto de la misma IV Cruzada también llegaría a la Basílica otro grupo escultórico sorprendente como es el de Los Tetrarcas.

Hoy en día las esculturas de los Caballos de San Marcos se guardan en el museo del interior de la basílica por motivos de conservación. Si bien en el exterior hay unas réplicas de los mismos en su emplazamiento inicial, en la llamada Loggia dei cavalli que se eleva sobre la plaza, y que era el sitio predilecto para discursos o para que el dux agasajara a sus visitantes más ilustres.

Caballos de San Marcos réplicas

Estos cuatro caballos en origen serían un grupo escultórico más amplio, ya que incluiría en su parte posterior una cuadriga. Se trata de una escultura realizada por artistas griegos, del periodo postclásico de hacia el siglo IV antes de Cristo, e incluso hay historiadores que piensan que los pudo hacer el propio Lisipo, autor de obras tan célebres como el Apoxiomenos o el Hércules Farnesio.

El caso es que la obra se encontraría en el Hipódromo de Constantinopla, y cuando llegaron allí los cruzados en el siglo XIII se llevaron (entre otros muchísimos tesoros) esta escultura como botín y fue donada a la basílica, siendo coloca en su fachada, sobre el pórtico.

Pero no iba a ser el último viaje de estos caballos modelados en cobre dorado. Mucho después de aquello llegó otro conquistador a Venecia. Hablamos de Napoleón, el cual mandó desmontar la obra y trasladarla a París. Algo similar a lo que le pasó a la cuadriga que corona la Puerta de Brandenburgo en Berlín, la cual también fue requisada por Bonaparte, para luego ser devuelta tras la caída en desgracia del emperador.

Lo mismo ocurrió con los Caballos de San Marcos, que también retornaron a la ciudad de los canales. Y hoy los podemos contemplar por duplicado, la copia en el exterior y los originales desde el año 1980 en el museo que hay dentro del templo.

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