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Después del baño: mujer secándose los pies de Degas

Publicado por A. Cerra

Después del baño, mujer secándose los pies de Degas

Edgard Degas tras pasar mucho tiempo pintando cuadros con escenas de ballet, y posteriormente fijarse en otro tipo de mujeres para realizar sus obras sobre las planchadoras, eligió otro tipo de modelos y de ambientes.

Se centró en mujeres en el baño, cuidando de su higiene en casa. Y trató el tema de una manera secuencial. Es decir, a través de este tipo de cuadros podemos ver todo el proceso llevado por las mujeres de finales del siglo XIX para lavarse en casa. Así hay cuadros como La bañera o Mujer secándose después del baño. También hay otros cuadros en las que las vemos preparando el agua a la temperatura oportuna o peinándose. Y en el caso de la obra que traemos aquí, vemos como la mujer ya ha salido del agua y está secándose los pies. Un cuadro que Degas hizo en 1887 y que actualmente posee el Museo de Orsay de París.

La escena la plasmó con la rápida técnica del pastel, como en muchas de las imágenes de esta temática, y es que por los muchos ensayos y dibujos que se han guardado, el pintor tomaba de las modelos unos rápidos bocetos sobre todo el proceso, y luego para darles ese toque de inmediatez los culminaba con las pinturas pastel.

Lo cierto es que se trata de un paso más en el Impresionismo. Degas ya no se conforma con pintar un instante, y esos bocetos y apuntes del natural nos confirman que él busca recrear toda una sucesión de instantes, de ahí que veamos a una misma mujer en distintas posturas y cumpliendo con todas las fases de su higiene íntima. Degas ansiaba transformar la pintura en realidad.

No duda en pintar la energía y peso corporal, pero también la luz, que va variando a partir de empastes y trazos de pastel. No quiere estatismo ni poses tradicionales, por eso sus posturas a veces son incómodas, pero para él le sirven para crear composiciones extraordinarias, como en este caso.

Vemos que ha convertido la imagen en un motivo circular, todo parece envolver y girar en torno a la chica desnuda. Una chica cuya figura el artista ha contorneado con un trazo más oscuro que rodea toda la calidez de su cuerpo. Un cuerpo que a su vez está enmarcado por el tono blanco de la toalla sobre la que se sienta en la silla, y a la izquierda está el color amarillo ajado del sillón. De esta manera ese amarillo, el blanco y el encarnado de la piel femenina destacan sobre un fondo en el que vemos varios colores (ocres, cremas, verdes…) pero que entre todos ellos conforman una interesante neutralidad cuya única función es otorgar todo el protagonismo a esa mujer que sentada, se agacha, nos da la espalda y se seca con mimo lo pies, sin prestarnos a los espectadores ninguna atención.