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Jesús y el centurión de Paolo Veronés

Publicado por A. Cerra

Jesús y el centurión de Veronés

Paolo Veronés, Il Veronese, (1528 – 1588) es el pintor por excelencia de los lujos y la opulencia, algo que cuadraba a la perfección con su Venecia de adopción, en la que se instaló desde joven llegado de su Verona natal. Y en la ciudad de los canales fue donde desarrolló su carrera trabajando para los más distinguidos clientes como el propio Dux, por ejemplo realizando diversas obras en el Palacio Ducal. Así como dejó su impronta en numerosas iglesias y edificios religiosos de la ciudad, como en iglesia de San Giorgio Maggiore, para cuyo refectorio pintó las Bodas de Caná, una obra que hoy en día está en el Louvre de París.

También viajó desde Venecia hasta otro gran museo la obra de la que hoy os hablamos, en este caso el Prado de Madrid. Se trata de un lienzo de enormes dimensiones (192 x 297 cm.) titulado Jesús y el centurión, una obra que el autor realizaría hacia el año 1571.

En él se aprecian muchas de las características habituales del arte de Veronés. Por ejemplo su aprovechamiento al máximo del primer plano de la escena. Ahí suele situar sus personajes, abundantes en muchas ocasiones, y todos ellos concebidos con detalle y muy activos. El dinamismo de sus escenas es tan evidente como monumental, dado el tamaño y volumen que presta a las figuras. Todas ellas por cierto ricamente vestidas y armadas.

Mientras que al fondo suele haber arquitecturas marmóreas y renacentistas. Casi siempre inspiradas en los trabajos de Andrea Palladio, el gran arquitecto de Venecia en el siglo XVI.

Ese es el escenario elegido para plantear este pasaje bíblico en el que un centurión romano se acerca para hablar con Jesucristo. La composición está fuertemente iluminada, lo que permite que todavía brillen más las ropas de los personajes. Pero también esa luz le permite al autor explayarse en la intensidad dramática del momento. Todo posee una gran teatralidad, sin duda, y el contenido se comprende a la perfección por los gestos y actitudes de los diferentes personajes. Por cierto, los dos protagonistas no ocupan el centro de la escena. En realidad, el auténtico personaje principal es solo el centurión, quien siente una irrefrenable pasión por Jesús, y sus compañeros romanos lo tienen que agarrar y esforzar en que no se lance a los pies de quien se supone que debería perseguir.

Es una escena que debió gustar mucho en la época, tanto que se conservan diversas copias y réplicas prácticamente contemporáneas. Aunque no cabe duda de que son de menor calidad al original, cuyo encargante se desconoce, aunque se piensa que aparece retratado en la composición. Concretamente como el personaje que se asoma y nos mira detrás de la segunda columna que hay en la parte derecha del lienzo.