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La bella jardinera de Rafael

Publicado por A. Cerra

Esta tabla pintada al óleo por Rafael en el año 1507 y que guarda el Museo del Louvre de París es una representación de la Virgen María en el campo, y ya desde el siglo XVIII se viene denominando La Bella Jardinera.

La verdad es que Rafael Sanzio en el denominado periodo florentino de su producción que va desde 1504 hasta 1508 pintó decenas de imágenes de Madonnas. Por ejemplo la Madonna del prado o la del Jilguero. Obras que tienen muchos elementos en común, como que es habitual que se trate de una escena al aire libre en la que está representada la Virgen con el Niño Jesús jugando y acompañado por el futuro San Juan Bautista. Es decir, se trata de imágenes de lo más familiar y de tono siempre muy maternal, donde llama la atención la dulzura de todo que queda plasmada especialmente por el juego de miradas entre los tres personajes.

La bella jardinera de Rafael

Ese tono de las pinturas y la abundancia de imágenes de esta temática es algo que los historiadores del arte justifican con el argumento de que Rafael perdió a su madre con tan solo 8 años de edad.

Otro elemento muy habitual en las Madonnas de su periodo florentino, es que mientras los tres personajes están en un primer plano, el espacio se abre al fondo en una amplia perspectiva. Y allí suele haber una ciudad, casi siempre dominada por la torre gótica de una iglesia. Un elemento que podemos ver aquí pero también en el Sueño de un caballero o en las madonas que hemos nombrado anteriormente.

Para esto los historiadores dan dos posibles razones. Una que tal vez recuerde los paisajes que ha visto viajando por Lombardía. Mientras que otros dicen que se trata de una influencia de las copias y estudios que ha visto de la pintura flamenca de la época. El caso es que en sus siguientes cuadros del periodo romano, ese tipo de arquitecturas desparecerán de sus fondos.

Pero aunque esté ese elemento de influencia flamenca y origen gótico, estamos ante un cuadro plenamente del Renacimiento italiano. No en vano las grandes influencias de Rafael para esta composición son Perugino, Leonardo da Vinci y Miguel Ángel. De ellos sabe tomar el equilibro de composición piramidal que además es muy dinámica gracias a ese cruce de miradas. También ha sabido captar el tono simbólico para incorporar determinados colores o flores cargadas de simbolismo. Sin duda el dominio de luces y sombra, así como la perspectiva es deudora de Leonardo, mientras que la plasticidad de las figuras son aprendidas de Miguel Ángel, al que sobre todo conocía por su faceta de escultor.

En definitiva, que estamos ante una obra que posee todo el encanto del arte de Rafael y resume la armonía y belleza característica del Renacimiento en Italia.

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