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Mujer que cose de Rembrandt

Publicado por A. Cerra

En los mejores cuadros de Rembrandt como su famosa Ronda de Noche, e incluso en sus obras más personales en las que retrata a sus esposas o se autorretrata, no se intuye el extraordinario manejo del dibujo con el que contaba este pintor. Es un colorista excepcional sin duda, y así se ve en sus óleos. Pero en los muchos dibujos que han llegado hasta nuestros días, descubrimos a un magnífico dibujante, el cual además en esta disciplina se nos muestra más fresco e informal, más espontáneo.

Mujer que cose de Rembrandt

Una muestra es este dibujo de Mujer que cose que realizó en 1639 y que se conserva en el Museo Nacional de Estocolmo en Suecia. Un pequeño dibujo (18 x 14 cm) realizado con tinta y acuarela en el que nos muestra a Tita, la hermana de su esposa Saskia. La escena es de lo más íntima a la vez que cotidiana. Ha retratado a su cuñada concentrada y afanada en su labor, inclinada hacia el tejido y vemos el detalle de las lentes que le sirven para realizar mejor el cosido.

Esas gafas están trazadas con las líneas más negras, al igual que las manos y las mangas de la mujer. Unas líneas que nos dan verdaderamente la idea del movimiento de los dedos mientras trabaja con la aguja.

Lo cierto es que dentro de este sencillo podemos apreciar distintos tipos de líneas. Algo que por otra parte lo podemos relacionar con su dominio de otra técnica artística en la que era muy importante el dibujo. Hablamos de los grabados, disciplina que también trabajó con éxito el artista holandés.

En el caso de Mujer que cose, podemos distinguir por un lado las más negras e intensas usadas para manos y mangas, las cuales también son muy anguladas. En cambio en el resto de su vestido son líneas mucho más ligeras y curvadas, en definitiva más fluidas. Mientras que si nos fijamos en el cabello de la mujer, este está creado con líneas más anchas, y da la idea de que se ha peinado con mimo y dedicándole todo el tiempo necesario.

Todo ello para hacer una auténtica instantánea de la señora, totalmente concentrada en su trabajo y ajena por completo a que su cuñado la está pintando. Un tipo de actitud que le encantaba retratar a Rembrandt que a lo largo de su vida pintó en diversas ocasiones escenas semejantes concentradas en su trabajo, viendo en exclusiva lo que les interesa y sin ver lo que les rodea en ese momento.

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