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Regina Martyrum de Goya

Publicado por A. Cerra

Esta es uno de los grandes conjuntos pictóricos que realizó el artista español Francisco de Goya y Lucientes. Y lo hizo precisamente en el templo más importante de su tierra natural, ya que está cúpula la pintó entre los años 1780 y 1781 en la Basílica de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza.

La obra le llegó gracias a la intercesión su cuñado, el también pintor Francisco Bayeu que ya estaba asentado como pintor de la corte en Madrid realizando trabajos incluso en el Palacio Real donde pintó La caída de los gigantes. Desde luego la intercesión de Bayeu fue muy importante en el ascenso profesional de Goya, si bien es verdad que era un auténtico genio.

Cúpula del Regina Martyrum de Goya

Cúpula del Regina Martyrum de Goya

Curiosamente estos frescos de realización posterior a los hechos en la Cartuja de Aula Dei, a las afueras de Zaragoza, son menos avanzados técnicamente, seguramente porque no los realizó con total libertad, lo cual supuso más de un enfrentamiento con los miembros del cabildo de la basílica.

Estos eclesiásticos junto con el escultor neoclásico Carlos Salas le marcaron el programa iconográfico al pintor. Por esa razón, aparecen representados ellos mismos, además de distintos santos de origen aragonés y con mucha devoción en la zona. Por ejemplo, están representados San Lorenzo, Santa Engracia, San Lamberto, San Valero o Santo Dominguito de Val. Todos ellos son mártires, cuya presencia está dominada por la figura de la Virgen.

Una cualidad que salta a la vista, es que se trata de unas pinturas con enorme gama cromática y muy brillante. Se trata de una pintura muy heredera del arte rococó. Y los fondos fácilmente se pueden relacionar con el arte de Giambattista Tiepolo, del cual Goya admiraba la vaporosidad, la luz y la gran soltura de sus pinturas murales que se conservan en muchas iglesias venecianas, como por ejemplo en la de Nuestra Señora del Rosario.

Toda la cúpula, Goya la plantea a partir de una sucesión de círculos. Primero un círculo cerrado de figuras en primer plano, que es lo más humanizado. Mientras que hay un segundo círculo abierto más celestial alrededor de la Virgen María.

Por otra parte integra la luz que se adentra por el cupulín para componer las líneas de fuga de la composición, y de paso repartir toda la iluminación de forma muy armónica.

Una cualidad de esos frescos goyescos es que el artista pinta directamente sobre el material base, de manera que la cal se convierte en luz y transparencia. Eso sumando a su capacidad para la improvisación (hay detalles que no se ven en los bocetos) hace que aunque no sea una de sus más grandísimas obras, pero en cualquier creación goyesca siempre estemos ante un conjunto de enorme calidad.

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