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Galería Umberto I de Nápoles

Publicado por A. Cerra

Esta construcción de la ciudad italiana de Nápoles es una producción típica de las muchas que se hicieron durante la segunda mitad del siglo XIX en todo el continente europeo. Y es que aunque se han perdido muchas galerías semejantes, también hay otros ejemplos similares que todavía se mantienen en pie. En Italia sin ir más lejos se conserva la Galería Vittoria Emmanuelle II muy cerca del Duomo milanés. O en Bélgica, en Bruselas también en el mismo centro de la capital y casualmente muy cerca de la catedral bruselense se hallan las Reales Galerías Saint Hubert.

Galería Umberto I de Nápoles

Todas ellas solían ser fruto de las remodelaciones urbanísticas que se llevaron a cabo en muchos lugares y que tenían como modelo las intervenciones que se habían llevado a cabo en la ciudad de París.

En el caso de la Galería Umberto I de Nápoles se trató de la reconstrucción de una antigua manzana del centro que había sido derribada tras una terrible epidemia de cólera que asoló la ciudad en el año 1884. Por cierto, en aquel derribo solo se conservó la iglesia de Santa Brígida donde está enterrado el pintor Luca Giordano, quien pintó aquí los frescos de la cúpula, la sacristía y varios retablos. Un artista que nació y está enterrado en Nápoles pero que entre medias dejó su obra repartida por lugares como el Monasterio del Escorial en España.

De la obra de la galería lo que más destaca es su gran cúpula de cristal que se eleva hasta los 56 metros de altura. Esa cúpula la proyectó el arquitecto Paulo Boubée y se había de convertir en el epicentro de la vida cultural y social del Nápoles de finales del siglo XIX y comienzos de la centuria siguiente.

Ese era el espíritu de este tipo de galerías donde se concentraban los cafés y restaurantes, así como también se incluían tiendas e incluso lugares para las exposiciones artísticas. Es decir era el modelo del centro comercial de entonces. Eso sí se hacía en unos parajes como este donde arquitectónicamente se cuida hasta el último detalle tanto en sus fachadas externas adornadas con esculturas y relieves, como en sus interiores capaces de combinar el gusto historicista con edificios que ordenan sus pisos a partir de elementos neorrenacentistas pero que se culminan con esa cúpula y bóvedas de lo más moderno en las que se usa el metal y el vidrio, los materiales más novedosos de la época. O sea que en una misma construcción se mezcla el gusto decimonónico por los movimientos neo revisionistas del arte del pasado y la nuevas tendencias arquitectónicas.

En definitiva que la Galería Umberto I se convirtió en el lugar de encuentro de lo más granado de la sociedad napolitana de la época, algo que se ha recuperado en la actualidad tras unos cuantos años de cierto abandono.

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