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Ha’ Penny Bridge de Dublín

Publicado por A. Cerra

Los puentes básicamente se pueden considerar como una obra de ingeniería, en las que lo más importante son los cálculos de pesos, resistencias y materiales para salvar por elevación, generalmente el cauce de un río, y unir así sus dos orillas. O sea, es imprescindible calcular bien su seguridad para que cumplan con su cometido.

Sin embargo hay puentes que son más que un trabajo de ingeniería. Desde su misma concepción se toman como una obra de arquitectura y se tratan como un elemento artístico. Y una vez construidos se convierten no solo en un elemento funcional y social, sino que pasan a integrar parte de la cultura, leyendas y tradiciones de un lugar.

Ha'Penny Bridge de Dublín

Ha’Penny Bridge de Dublín

Ejemplos de esto hay muchos por cualquier rincón del planeta y originados en cualquier época. Desde el Puente Romano de Córdoba hasta el Puente de Brooklyn en Nueva York, pasando por el Puente de Sant’Angelo en Roma o el de Mostar en Bosnia Herzegovina.

Pues bien, en esa misma categoría podríamos incluir el famoso Ha’ Penny Bridge de Dublín, o sea el puente del medio penique. Y es que cuando se construyó en el año 1816 era el único puente que salvaba las aguas del río Liffey en la capital de Irlanda. Así que el río dividía en dos la ciudad y los habitantes solo podían pasar de una orilla a otra mediante barcas.

Por eso para costear los trabajos del puente se decidió que los usuarios deberían pagar medio penique por persona que caminase sobre él. Es importante ese matiz, ya que para ahorrarse dinero, muchos cruzaban a cuestas o a hombros, para así ahorrar ese medio penique, que con el tiempo fue un penique entero. Una costumbre de pago que duró hasta 1919.

E incluso originalmente, el puente recibió otro nombre. Sin embargo, tema del peaje acabó por rebautizarlo de forma popular, y aunque hoy es gratuito, sigue llamándose así.

Por otro lado, aunque luego se han construido otros puentes en Dublín, algunos incluso por reconocidos arquitectos del siglo XXI como Santiago Calatrava, la verdad es que ninguno se acerca, ni de lejos, a la hermosura de este puente peatonal.

Tiene unas dimensiones reducidas, sus elementos metálicos no tienen excesivos adornos, salvo los elementos en forma de arco que evocan la idea de una puerta. Básicamente es más bien simple, más aún teniendo en cuenta el carácter decorativo de ciertas corrientes constructivas de la época relacionadas con las formas dinámicas del Modernismo. Y sin embargo, en esa simpleza, en la curvatura que forma sobre el río, en su color blanco de toda la estructura metálica y en su elegante austeridad radica todo su arte y las muchas leyendas que lo rodean.

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