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Caballo y jinete de la Antigua Grecia

Publicado por A. Cerra

De la Antigua Grecia han llegado muchas cosas hasta nuestros días. Al fin y al cabo se considera la cuna de nuestra civilización. Si bien, lo que seguramente sea la herencia más popular sean los Juegos Olímpicos, deudores de las competiciones que se hacían en la ciudad de Olimpia.

Además de aquel fenómeno deportivo han resistido el paso de milenios varias esculturas. Algunas tan sumamente conocidas como el Discóbolo de Mirón o tan hermosas como el Doríforo de Policleto, dos de los mármoles del arte clásico griego por antonomasia.

Caballo y jinete

Pero hay muchas otras figuras inspiradas en los atletas y deportistas de aquella época. Una de ellas por ejemplo es este grupo que representa a un caballo trotando al galope y su pequeño jinete, que bien parece un niño. Se trata de una obra que hoy podemos ver en el Museo Nacional de Arqueología de Atenas y que está datada aproximadamente hacia el siglo IV antes de Cristo. Si bien hay historiadores que la creen posterior y la ubican en el periodo helenístico.

Lo cierto es que los torneos hípicos era uno de los capítulos más relevantes, populares y espectaculares de las competiciones olímpicas griegas. Una tradición que venía de muy antiguo. Y curiosamente un deporte en el que la mayor gloria solía recaer en el animal más que en la persona que lo montaba.

Se sabe que las carreras de caballos eran uno de los momentos más esperados en la competición, y el comienzo de la misma era todo un acontecimiento muy ligado con la astronomía, ya que el inicio coincidía con cierta posición de las constelaciones del Águila, el Delfín y el Caballo.

Por eso los premios que recibía el ganador estaban a la altura de la expectativa que despertaba la carrera. De ahí la extraordinaria calidad de esta obra ejecutada en bronce, que seguramente tuvo un carácter conmemorativo de una victoria.

Lamentablemente no han llegado muchas esculturas semejantes hasta la actualidad, pero esta es de un valor exquisito. Es un grupo que nos da perfectamente la idea de velocidad, de movimiento, de pasión por la carrera y en general de vida. Se plasma a la perfección la incontenible fuerza del caballo, que más que correr parece volar. Mientras que a sus lomos va un pequeño niño capaz de dominar la potencia del animal, al mismo tiempo que la incentiva. Y juntos, cabalgadura y jinete poseen una bella armonía y dan una clara sensación de ligereza, como si el viento los empujara hacia la meta. En fin, una joya del arte griego, que no es tan conocido como otras obras, pero que es de un valor y belleza indudable.

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