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La fe en Dios de Bartolini

Publicado por A. Cerra

Esta obra en mármol la realizó entre los años 1834 y 1835 el artista italiano Lorenzo Giustino Bartolini (1777 – 1850) y en la actualidad está en el Museo Poldi Pezzoli de Milán.

Como toda la obra de este artista, se encuentra a caballo del estilo del Romanticismo y el surgimiento del arte más propio del Realismo.

La fe en Dios de Bartolini

La fe en Dios de Bartolini

En este caso estamos ante una figura alegórica y la idea de interiorización que plasma es el elemento más destacable con la escultura romántica francesa, sin embargo técnicamente es bien diferente, ya que se trata de una obra con un acabado pulimentado hasta el exceso.

Bartolini fue florentino de nacimiento y sus primeros pasos como artista los dio en la Academia de las Artes de Florencia, es decir, el mejor lugar para recibir una formación neoclásica, contemplando obras como el David de Miguel Ángel.

Sin embargo, pronto mostró su interés por desmarcarse de lo más académico y se inclinó hacia unas formas muy naturales. Tanto que de alguna forma es el máximo exponente italiano de un movimiento que se denominó Purismo, un estilo que básicamente se caracteriza por tender siempre hacia una formas extraordinariamente sencillas.

Un estilo que en ciertos momentos le trajo problemas. Y es que tras sus inicios en Florencia se trasladó a París, y allí alcanzó cierto renombre gracias a obras como unos relieves que hizo para la Columna Vendome y la amistad que trabó con los Bonaparte.

Algo que al regresar a Italia, le trajo problemas, en primer lugar por su cercanía a las ideas bonapartistas, y en segundo por enfrentarse a los ideales del arte neoclásico que representaban las esculturas del gran Antonio Canova.

No obstante, pese a esos problemas, lo cierto es que no le faltaron encargos, y se pudo permitir el lujo de hacer esculturas sobre temas muy dispares. Incluso una de un jorobado que le servía como muestra de lo que es lo natural, alejándose de cualquier idealismo.

Y esta obra de La fe de Dios, es su obra más afamada, y se cuenta que la inspiración para labrar la figura de una niña que mira al cielo como confiando en Dios, la encontró en una actitud mucho más cotidiana, como fue observar a una modelo que estaba agotada tras posar durante horas.

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