Museos rehabilitados
Tras la II Guerra Mundial, la existencia de una gran cantidad de edificios patrimoniales en Europa sin función, a los que había que darles una utilidad, desembocará en la adaptación de buena parte de los mismos como museos. De este modo, desde los años 50 del s.XX, se va a producir una casi masiva reutilización de edificios con nuevas funciones.
Esto es un hecho positivo, desde el punto de vista de la conservación, puesto que no sólo se procederá en muchos de los casos a efectuar una restauración sino que, además, se les dota de nuevo de contenido. Sin embargo, esta solución no está exenta de problemas si se tienen en cuenta las necesidades prácticas de las instituciones que albergarán estos edificios. En primer lugar, se hace necesaria la dotación con los sistemas de conservación e instalaciones necesarias y, además, en ocasiones, el espacio de la construcción no resulta ser el más idóneo ni para la exhibición ni para el tránsito del visitante.
Pero aunque las arquitecturas de nueva planta se adecuen mejor a las necesidades de los museos (algo que no siempre es verdad, como en el caso del Museo Beulas, por ejemplo) y en ocasiones son proyectos de menor coste, la dotación de nuevas funciones a edificios ya construidos permite ubicar una colección en un recorrido por lo general más céntrico y mantener edificios que de otro modo podrían desaparecer, otorgándoles además de esta manera la posibilidad de continuar cumpliendo con un servicio social (así pueden ofrecer un programa a su público en el cual coexisten arte, conocimiento y juego).
Ejemplos de este tipo podemos encontrar en toda Europa: el Museo de Orsay fue con anterioridad a su conversión en el museo de los impresionistas una estación de tren (como bien revela su apariencia), el Museo de Arte Contemporánea de Vigo una cárcel del s.XVIII, el actual Museo Arqueológico Provincial situado en Alicante un hospital, la famosa Tate Modern habría cumplido las funciones de fábrica eléctrica… existiendo incluso casos más modestos como el del matadero de Logroño, hoy Casa de las Ciencias de la ciudad.