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El Toro de Picasso

Publicado por A. Cerra

Entre las muchas frases célebres de Pablo Picasso hay una que ilustra a la perfección lo que representa esta serie de litografías sobre la figura de un toro. Picasso dijo: “Me llevó cuatro años pintar como Rafael, y toda una vida pintar como un niño”. Y es que el pintor español tenía un gran dominio de la técnica pictórica y había aprendido a copiar las más grandes obras de la historia del arte, entre ellas las del gran Rafael. Algo que ya hizo siendo un joven, sin embargo a partir de ahí, su evolución como pintor fue hacia una mayor abstracción y sintetismo, para llegar a imágenes que como en los dibujos de los niños consigue representar la esencia de las cosas.

Litografías Toros

De eso se trata con esta serie 11 litografías que realizó seguidas entre los años 1945 y 1946. El elemento a representar fue un toro, un animal que pintó en muchas ocasiones y que como a Goya antes le había inspirado muchas ilustraciones y grabados. Además el toro de alguna forma es un símbolo ibérico con el que se identificaba el artista. Y por si fuera poco lo podía unir con otro arte que a Picasso el fascinaba, el arte rupestre que en lugares como la Cueva de Altamira se había dedicado a representar la fauna.

De hecho en esta serie de imágenes de un toro, la primera sin duda nos puede recordar a esos animales del arte prehistórico, ya que se trata de un dibujo muy naturalista, en el que se ha detenido en los detalles y en los volúmenes del animal. Ese es el punto de partida y desde ahí nos va a mostrar lo que era su proceso creativo hasta llegar las líneas esenciales que definen el toro. Y desde luego si comparamos la primera lámina con la última, es probable que digamos que acaba pintando como lo haría un niño pequeño.

Litografías Toros

Si la primera es la más naturalista, en la segunda nos da la sensación de mayor expresividad, hasta nos puede parecer que tiene una mirada triste. En cambio en la tercera ya aparecen unas líneas sobre su cuerpo que marcan a la perfección sus músculos y sus huesos. Esas líneas en la siguiente, ya son una auténtica disección del animal, que ha sufrido una clara descomposición en diferentes planos. Algo que se acentúa más en la lámina 5, verdaderamente cubista.

En la sexta ya ha desaparecido cualquier detalle de carácter naturalista. Ya solo vemos formas geométricas en blanco y negro. En la séptima y octava nos va mostrando solo la estructura del animal. Mientras que el siguiente paso consiste en que desaparezcan las superficies coloreadas, algo que ocurre en la lámina novena. Todo son líneas sin relleno, salvo los genitales del toro, haciendo mención a su símbolo de virilidad.

Todavía es más simple la penúltima imagen, si bien aquí cobra un protagonismo especial su representación de la cabeza y cornamenta como separadas del conjunto. Y llegamos al último estadio en esta peculiar transformación. Apenas una silueta con el perfil angulado del toro. Solo una silueta y que sin embargo proyecta su sombra, como en todas y cada una de las 11 láminas.

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