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La iglesia de Santa Cecilia y Sean Scully

Publicado por A. Cerra

La iglesia de Santa Cecilia es la construcción más antigua de todo el complejo monástico de Montserrat cercano a la ciudad de Barcelona. Se trata de un pequeño templo románico originado en la mitad del siglo X en el que se ven formas lombardas y también heredadas de la comunidad de monjes benedictinos que lo ocupó.

Capilla Scully en la iglesia de Santa Cecilia

Una iglesia de gran armonía y carga simbólica, en la que a comienzos de siglo XX ya propuso una restauración y una intervención arquitectónica uno de los mayores referentes del Modernismo catalán, el arquitecto Josep Puig i Cadafalch autor de obras tan icónicas como la Casa Amatller o la Casa de las Punxes. Sin embargo, la intervención más moderna se ha producido hace unos pocos años, ya que se inauguró en 2015, y se trata de la incorporación de diversas obras realizadas por el pintor irlandés Sean Scully (1945 -), el cual para concebir su obra ha tenido como máximos referentes a la Capilla del Rosario de Matisse y la Capilla de Rothko.

Si bien hay que decir que el resultado es diferente a ambos. En el caso de Matisse, lo cierto es que este planteó un proyecto únicamente decorativo en su capilla de Vence, al sur de Francia. Mientras que el trabajo de Rothko en su capilla de Houston, es terriblemente oscuro, mientras que la obra de Scully rebosa color.

Más elementos de la Capilla Scully

Color y abstracción, ya que para este pintor la abstracción viene a ser el arte espiritual de la actualidad. Si a eso unimos su formación católica y sus recuerdos de infancia con las ventanas de colores que había en la casa de su abuela, con estos mimbres concibió esta obra artística cargada de de espiritualidad. Él no trató de contar nada, ni de buscar simbolismos, solo quiere transmitir esa espiritualidad profunda a partir de colores y formas geométricas. Él mismo lo define diciendo que pinta sensaciones.

En total para el templo ha creado seis obras de gran formato, además de tres pinturas al fresco, tres cruces de vidrio, un trasaltar, cuatro candelabros y por supuesto las vidrieras, ocho en total, para bañar de luz y color el recinto sacro. Y el propósito no ha sido decorativo sino crear un espacio para la meditación y para las propuestas culturas muy diversas, desde lecturas o recitales poéticas hasta conciertos. Aunque obviamente todas estas actividades siempre están vinculadas con asuntos espirituales, religiosos y también artísticos. De hecho, el espacio ha pasado a denominarse Instituto Arte y Espiritualidad Sean Scully.

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