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La glorificación de la monarquía española de Tiépolo

Publicado por A. Cerra

Cuando Giovanni Battista Tiépolo ya era un artista de enorme prestigio en Venecia gracias a obras como la decoraciones del Palacio Ca’ Rezzonico o de la Villa Valmara recibió un encargo de los reyes de España.

La glorificación de la monarquía española de Tiépolo

Era el año 1762 y Tiépolo junto a sus hijos también pintores, Domenico y Lorenzo, se fueron hasta Madrid donde iban a encargarse de la decoración pictórica de varias estancias del inmenso Palacio Real de la capital española.

El hecho es que Giambattista Tiepolo, el padre e inaugurador de esta saga de artistas, ya no iba a abandonar España y ahí residió hasta su fallecimiento en 1770. Unos años de intenso trabajo en los que dejó varias obras maestras en las salas de palacio. Por ejemplo, destacan los frescos del Salón de Alabarderos donde representó la Apoteosis de Eneas. O en la Antecámara Real pintó en el techo la alegoría de El poder de la monarquía española.

No obstante de todo su trabajo en el Palacio Real de Madrid, sin duda lo más espectacular lo reservó para el Salón del Trono, donde se encuentra esta bóveda que representa la Glorificación de la monarquía española. Y por el título ya nos podemos imaginar que es una obra de lo más efectista, cuyo objetivo es plasmar una escena triunfal y apoteósica que ensalce a la dinastía española.

Pictóricamente recurre a unos efectos de perspectiva aérea verdaderamente asombrosos, con los que se simula que todo tiene un recorrido ascendente. A lo cual ayuda el tratamiento de la luz que consigue que todo sea brillante y resplandeciente. Y como es característico de la pintura dieciochesca se usa un color bastante suave y muy delicado, un toque muy rococó.

Sobre la línea de la cornisa de la bóveda se pintó la representación de todas las provincias españolas y americanas del reino. Y encima la escena principal en la que hay numerosas alegorías como la Paz, la Religión, la Fama, la Justicia, así como algunos de los dioses más importantes del Olimpo clásico como Júpiter, Apolo, Minerva, Mercurio y Neptuno.

En definitiva, una escena de numerosos personajes, por lo que el resultado podría resultar disperso. Sin embargo, una de las grandes cualidades de Tiépolo en todas sus obras, tanto las italianas como las hechas en España, es su portentosa capacidad para componer escenas muy imaginativas. Una cualidad que le convierte en el mejor heredero de la larga tradición de pintores de la escuela veneciana, verdaderos expertos en composiciones complejas y fantasiosas, como por ejemplo se puede ver en las obras del Veronés o en creaciones de Tintoretto como su cuadro de El Paraíso, que curiosamente también se puede ver en Madrid, pero en este caso en el Museo Thyssen Bornemisza.

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