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Atenea pensante

Publicado por Laura Prieto Fernández

La obra que hoy nos ocupa es un pequeño relieve de apenas medio metro de altura y esculpido en medio relieve que se ha convertido en una de las obras más polémicas de la estatuaria griega. Esta Atenea pensando o Atenea melancólica como también se la conoce, ha suscitado un buen número de interpretaciones entre los expertos que no logran descifrar de una manera clara su simbología.

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Como ya hemos señalado se trata de un pequeño relieve el cual pareció en las excavaciones de la Acrópolis de Atenas a finales del siglo XIX, en torno al año 1880 y que hoy permanece expuesta en el Museo de la Acrópolis de Atenas. Nos encontramos ante una de las obras más significativas del estilo severo es decir, el periodo que dio paso a la estatuaria clásica cuando paulatinamente se fueron abandonando las formas del arte arcaico. El estilo severo –también se denomina como estilo clásico prematuro o estilo arcaico final- se corresponde con la primera mitad del siglo V a.C. cuando las esculturas comienzan a avanzar hacia un estilo más naturalista pero aún no logran recrear completamente el realismo de la época clásica.

En esta ocasión nos encontramos ante un relieve que representa a la diosa Atenea, hija de Zeus y diosa de la sabiduría y de la guerra; la diosa aparece ataviada con el típico vestido de la antigüedad clásica, el peplo, una túnica larga hasta los pies que se recogía bajo el pecho. En la cabeza la diosa lleva el típico gorro corintio que los griegos se ponían para luchar como parte de su simbología de diosa de la guerra. Aparece inclinada con la cabeza agachada como si estuviese pensando mientras carga todo el peso de su cuerpo sobre la lanza. Frente a ella una estela funeraria que ha dado pie a múltiples interpretaciones, algunos historiadores del arte plantean la posibilidad de que la diosa estuviese leyendo la estela en la cual, se debía relatar a destrucción de Atenas en las Guerras Médicas aunque en la actualidad, esta versión ha quedado un poco relegada en los últimos tiempos.

A pesar de que la pieza fuese hallada en la Acrópolis de Atenas por sus singulares características parece ser que la pieza procede de los talleres de la Escuela Ática. La anatomía de la diosa queda escondida tras el peplo que se separa de su cuerpo y cae a modo de tubo en rígidos pliegues verticales. En los pies de la diosa y en su postura ya se aprecia un gran movimiento y sensación de inestabilidad. Por último pero no menos importante debemos señalar la composición y forma de su rostro: en el pelo se aprecia un exquisito y minucioso trabajo para remarcar las ondulaciones del cabello bajo el casco y en el perfil de su rostro aún se dejan ver ciertos ecos de arcaísmo como la nariz demasiado recta, los ojos ligeramente almendrados o el pequeño y casi imperceptible gesto de su boca que se curva ligeramente por influencia de la tradicional sonrisa arcaica.

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