27
Mar

Los Postimpresionistas (II)

Publicado por Chus el 27 de Marzo de 2008

el-caballo-blanco-gauguin.jpgPaul Gauguin es un pintor representativo del artista rebelde, enfrentado a la sociedad burguesa de la época. Fue un artista muy personal que ejerció una gran influencia en varios movimientos posteriores. Además de su faceta como pintor, fue un artista interesado por las artes decorativas como la cerámica, la talla e incluso la tapicería, anticipándose al concepto de “obra de arte total”. Al igual que Van Gogh, su pintura parte del impresionismo en el que se inicia de la mano de Pisarro, pero cuando alcanza su punto álgido es cuando en 1891 viaja a Tahití, se enamora del lugar y se instala en él. Gauguin viaja para sumergirse en la vida de los salvajes, para traducir, como lo haría un niño, las concepciones de su mente con la única ayuda de los medios artísticos primitivos, para él, los únicos verdaderos. Gauguin cree que la pintura no debe reflejar la naturaleza, sino que es algo autónomo, por lo que sus elementos esenciales, el dibujo y el color, también deben de serlo. En su obra observamos la importancia y la exaltación del color (aspecto que va a influir decisivamente en los fauvistas) que adquiere una intensidad poética. Con Gauguin, el color se independiza del objeto, disponiéndolo en el cuadro de manera arbitraria (así podemos encontrar prados pintados de rojo). Además de ser arbitrario, aplica el color en áreas planas, separando los campos de color con nítidas líneas de contorno negras, como si de una vidriera se tratase. Sus combinaciones de color son muy personales, destacando los violetas con los verdes y los naranjas. Su obra está plagada de mitos y referencias de los Mares del Sur, de manera que a nosotros se nos hace difícil en ocasiones comprender el significado de las figuras, de sus referencias y hasta de sus títulos. Esta actitud hacia el mundo primitivo abre la puerta a numerosos pintores del siglo XX (naïf, primitivismo). Gauguin también renuncia a la perspectiva y al volumen, suprimiendo el modelado y las sombras, ya que la luz deja de tener un papel activo en el lienzo. En su obra une lo que ve y lo que imagina, lo que va a influir en los nabis y en los simbolistas. Como sus temas favoritos son escenas de la vida de los nativos, entre sus obras destacamos “Mujeres de Tahití”, “Arearea”, “Matamua”, etc.

Paul Cézanne es otro de los pintores impresionistas que, partiendo del movimiento evoluciona hacia un lenguaje personal. Cezanne reflexiona acerca de las relaciones entre la forma y el color, buscando en la naturaleza las formas esenciales, permanentes y que rigen todos los objetos. Para él estas formas son las geométricas, la esfera, el prisma, el cilindro, la pirámide, etc. Su gran aportación a la historia del arte es pues la simplificación geométrica de las formas, concibiendo la realidad pictórica organizada mediante la abstracción. La geometrización de las formas es una de las bases esenciales del cubismo. Cezanne concibe el paisaje y las naturalezas muertas en términos casi de arquitectura, ya que los planos se ensamblan unos con otros en una actitud claramente precubista. Sus paisajes de Provenza muestran claramente sus diferencias con el Impresionismo, ya que el agua, por ejemplo, no muestra reflejos cambiantes, sino que aparece como una masa dura, opaca, y las composiciones son firmes, estudiadas, delimitadas en zonas separadas, a base de pinceladas largas, que se ensamblan entre sí. En sus naturalezas muertas presenta además distorsiones formales, con ligeros cambios en los puntos de vista de los objetos. Este nuevo modo de representar del pintor y su nueva concepción estética, parte de la Naturaleza, pero en palabras del pintor, “…la pintura es una armonía paralela a la Naturaleza…” y como sabemos, las paralelas no se tocan. La pintura se considera así un mundo propio, diferente al natural.

27
Mar

Los Postimpresionistas (I)

Publicado por Chus el 27 de Marzo de 2008

habitacion-en-arles-van-gogh.jpgEn los últimos años del siglo XIX unos cuantos pintores conocidos como postimpresionistas, van a iniciar cambios en la pintura que tendrán una gran repercusión en el arte del siglo XX. Son conocidos con ese nombre porque todos ellos parten del Impresionismo, para poco a poco ir configurando un nuevo lenguaje, cada uno el suyo, particular y personal, con el que abrirán camino hacia varias de las tendencias de las vanguardias del siglo siguiente. En estos años finales del siglo XIX, se marcan algunos de los más destacados fundamentos del arte contemporáneo, como son en primer lugar, la liberación del tema, así el cuadro no necesita reflejar fielmente la realidad, ya que para eso existe la fotografía, con lo que el valor de una obra de arte no está ligado a lo que representa, sino a la forma propiamente dicha en que se muestra. Con ello el arte de pintar se convierte en un fin en sí mismo. En segundo lugar se generaliza el desprecio hacia la perspectiva tradicional que se venía practicando desde el Renacimiento y, en tercer lugar, la reafirmación del individualismo del artista frente a la homogeneidad del grupo, estilo o tendencia.

En primer lugar cabe hablar de Vicent van Gogh, artista holandés que llegó a París en el año 1886, donde aprende la técnica impresionista. En 1888 se instala en Arlés, donde lleva a cabo su obra más íntima y personal y vive parte de los dos últimos años de su vida, ya que se suicidó en 1890. La pintura de Van Gogh es fiel reflejo de su personalidad esquizofrénica, el vehículo a través del que canaliza su angustia (preludiando así el uso del arte como terapia). La vida, la muerte, sus fracasos personales, toda la carga que le supone su atormentada existencia se manifiesta en su obra. Debido a ello es el pintor que representa como nadie la subjetividad del artista y su afectividad. A partir de su instalación en Arlés, su pintura se va a ir orientando hacia una estética expresionista muy personal, ya que al llegar le entusiasma la luz que hay en la zona, en la Provenza. Allí pinta paisajes y figuras de formas serpenteantes, flamígeras que traducen su fuego interno. Su pintura adquiere aquí el pleno dominio de sus medios expresivos, las pinceladas dinámicas, vigorosas, personales, alargadas espesas, y densas (parecen comas). Pintó gente, cosas y el paisaje que le rodeaba con una pasión que actúa sobre la línea, el color y el espacio, creando un lenguaje especial con una fuerza y autenticidad incontenibles. Su fuerza visual es tremenda. Entre su obra destacan “Los girasoles”, varios “Autorretratos”, “Noche estrellada”, etc. Tal vez una de sus obras más reproducida sea su “Habitación en Arlés”, que nos va a servir para indagar un poco en la persona y en el artista que fue Van Gogh, ya que en sus cartas a su hermano Theo escribe al respecto del cuadro que está pintando “Solo el color debe predominar aquí, dando con su simplificación un estilo más grande a las cosas, sugiriendo el reposo o el sueño en general. En fin, con la vista en el cuadro, debe descansar la cabeza o más bien la imaginación”. El quería sugerir descanso, tranquilidad y sosiego, ya que es lo que desea desesperadamente, pero el resultado es un espacio claustrofóbico, con los objetos inestables, la perspectiva oscilante, elementos que muestran la inquietud de su espíritu, adquiriendo las imágenes una carga simbólica estrechamente ligada a sus estados de ánimo. Por todo lo que acabamos de exponer, Van Gogh constituye el antecedente más inmediato del expresionismo del siglo XX.

26
Mar

Breve valoración histórica del Impresionismo

Publicado por Chus el 26 de Marzo de 2008

paseo-con-sombrilla-de-monet.jpg
Las últimas décadas del siglo XIX constituyen el punto de arranque de la gran revolución estética que supone el arte contemporáneo. Así, desde que los impresionistas cuestionan los cimientos sobre los que hasta ese momento se asienta la pintura occidental desde el Renacimiento, se produce una especie de reacción en cadena que conduce hasta la aparición de las vanguardias artísticas de las primeras décadas del siglo XX. Posteriormente, las corrientes postimpresionistas se encargaron de atacarlos directamente, al tiempo que planteaban una nueva visión de la realidad a través del arte. Como resultado, en el siglo XX, se produce una sucesión de movimientos artísticos de forma vertiginosa (los ismos) que rompen los esquemas basados en el orden y la medida, dando así respuesta a las necesidades de la nueva sociedad industrial.

El impresionismo es un movimiento pictórico de transición entre la pintura tradicional y la contemporánea, desarrollado en la segunda mitad del siglo XIX en Francia y, designa un sistema de pintura que consiste básicamente en dar la impresión tal y como ha sido sentida materialmente. No es un estilo, ni un período histórico concreto (como el Barroco o el Romanticismo), sólo es un movimiento pictórico que convive en un amplio marco global (la segunda mitad del siglo XIX) con otros movimientos coetáneos. Esencialmente es pictórico, aunque también impregna otras manifestaciones artísticas, así en la escultura, se habla de Rodin como impresionista, en literatura de Marcel Proust y en música, de Debussy.

Una de las señas de identidad de los impresionistas, la captación de la luz mediante toques cromáticos sueltos, fue una de las ambiciones de casi todos los grandes maestros de la historia del arte. En ese sentido el impresionismo es una constante en el arte, no solamente un fenómeno de una época concreta. Leonardo, Tiziano, Velázquez, Rembrandt o Goya anticiparon la técnica y el objetivo del movimiento impresionista, pero sobre todo hay que destacar la labor de los paisajistas ingleses, Constable y Turner, ya que constituyen su antecedente más directo, por la preocupación luminosa y la captación de lo cambiante en la naturaleza, el viento, la lluvia, el sol,…

Se dice que es un período de transición entre la pintura tradicional y la de la vanguardia contemporánea, porque, desde el punto de vista de la historia del Arte, es la última oportunidad del arte clásico, cerrando por tanto un período en la historia de la pintura, al mantener las convenciones fundamentales del sistema renacentista, es decir, la perspectiva y la figuración. Pero, su carácter novedoso es la capacidad para crear las condiciones precisas que posibilitan la ruptura con la pintura tradicional, ya que la experiencia impresionista es clave en Cezanne, el rupturista auténtico. Posteriormente, también partiendo del impresionismo, artistas como Van Gogh, Gauguin y Matisse destruyen definitivamente el espacio pictórico tradicional.

Por último, no debemos olvidar el punto de vista plástico, y así en su afán por ser realistas, por trasladar al lienzo de forma minuciosa la realidad, terminan por crear una cierta forma de abstracción, al querer plasmar la sensación que se siente ante la contemplación del objeto.

26
Mar

La Iglesia del Gesú de Roma

Publicado por Chus el 26 de Marzo de 2008

gesu-de-roma.jpg

Es una obra del arquitecto Giácomo Barozzi da Vignola, conocido simplemente como Vignola, realizada en 1568. Se trata de un monumento religioso erigido por la orden jesuita, que busca la creación de un espacio a base de amplias salas sin columnas en medio, aptas para albergar gran cantidad de fieles, de manera que todos pudiesen atender a las predicaciones. Este tipo de iglesia establecido en Roma por Vignola, hunde sus raíces en la arquitectura católica de la Contrarreforma surgida tras el Concilio de Trento.

Vignola diseña una planta de cruz latina de una sola nave, con las naves transversales incluidas en el recinto, por lo que asemeja una planta basilical. Posee un amplio crucero que se ilumina gracias a la gran cúpula y una serie de capillas laterales. La única nave se cubre con bóveda de cañón, contrarrestada en el exterior por grandes contrafuertes, entre los que se albergan las capillas laterales, que sirven para la realización de otros cultos. En el testero se abre un ábside semicircular central, a la manera de las basílicas romanas. Resulta clara la inspiración en la iglesia de “San Andrés de Mantua” de Leon Battista Alberti, aunque hay un elemento que las distancia, la cúpula, que aquí desempeña un papel de elemento de distribución de la luz, que incide sobre todo en el crucero, mientras que la nave y el presbiterio reciben una menor iluminación. Esta importancia de la organización de la luz en un interior, es la primera vez que aparece y posteriormente va a ser uno de los elementos fundamentales de la arquitectura del barroco.

La fachada del Gesú es obra del arquitecto Giacomo della Porta, responsable de introducir en ella una serie de elementos poco clásicos que muestran el inicio del barroco. En su disposición general la fachada conserva la tradición del siglo anterior, con un cuerpo bajo con pilastras pareadas de orden corintio (que, a ambos lados de la puerta principal se convierten en columnas adosadas) y un cuerpo superior que remata en frontón. El cuerpo bajo es más ancho, ya que tiene la amplitud de la nave central más las capillas, mientras que en superior solo tiene la anchura de la nave central. Los dos pisos salvan su diferencia de tamaño, al unirse por una moldura curva con dos volutas que logra casar perfectamente los dos cuerpos. Esta solución arquitectónica se va a popularizar en los tratados de arquitectura y gozará de gran predicamento posterior, constituyendo las volutas laterales uno de los motivos más frecuentes en la estética barroca.

En la planta baja empleó el orden corintio tanto en las pilastras como en las columnas y en la superior, empleará el jónico en las pilastras (lo que provoca una disimetría con respecto a la manera romana de superponer los órdenes). Sobre la puerta principal coloca una ventana grande enmarcada por pequeñas semicolumnas elevadas sobre podio, que sostienen un frontón triangular, colocando entre ellas una balaustrada. A ambos lados aparecen hornacinas terminadas en arcos de medio punto recubiertas de frontones triangulares. Las puertas de acceso también tienen frontones, siendo el de la central curvo, bajo el que hace guirnaldas (más complicadas y retorcidas que las de Miguel Ángel). Sobre esta puerta sitúa el escudo con el emblema de los jesuitas. Sobre cada una de las puertas laterales coloca hornacinas con esculturas de santos. Este modelo de fachada va a ser el modelo de todas las iglesias de los jesuitas en Europa e Hispanoamérica.

25
Mar

La escultura en la segunda mitad del siglo XIX

Publicado por Chus el 25 de Marzo de 2008

la-danza-de-carpeaux.jpg
Durante ese período nos vamos a encontrar con una serie de artistas diferentes que van a ir preparando el camino hacia los cambios que llegan en las últimas décadas decimonónicas de la mano sobre todo de Rodin. Pese a la diversidad, tal vez pueda establecerse una característica común, la búsqueda de los efectos de luces y sombras, en suma de efectos pictóricos.

En Francia el escultor del II Imperio fue Jean-Baptiste Carpeaux, alumno de Rude que, transgredió algunas de las convenciones más consolidadas de la escultura, gracias a la aportación de una nueva sensibilidad para las superficies (aprendida con Rude), pero que él consolidó y desarrolló con gran libertad. En sus bocetos es donde mejor se aprecia este aspecto, ya que era un gran modelador. Su obra más famosa fue “La Danza” realizada en 1869 para la fachada de la “Ópera de París”, reflejando la alegría, la jovialidad y el desenfado que nos remite al rococó francés, expresando las bacantes un alborotado abandono a los sentidos. El éxito de la obra fue tal que el propio escultor se decidió a hacer pequeñas maquetas del grupo, que encontraron una gran aceptación, incluso las realizadas en arcilla, lo que es también un claro indicativo del cambio en el gusto del público hacia la comprensión de las calidades (de frescura, inmediatez) del boceto en oposición al terso acabado de las esculturas anteriores. Precisamente la distinción entre “acabado” y “no acabado” prepara el camino de Rodin.

El mundo realista encuentra su eco en escultores como el francés Jules Dalou y el belga Constantin Meunier. Dalou en obras como “La madre bretona” es un realista de clara inspiración popular, que se corresponde con su ideología socialista. Pero, el mejor representante del “Arte social” es Meunier (también de ideología socialista), quien dota a sus figuras de proletarios de una especie de aureola romántico-heroica (semejante a las pinturas de Millet). Llevó a cabo así una idealización en sus estatuas de grandes dimensiones, que nos remiten a un destacado sustrato romántico.

Edgar Degas, está libre de preocupaciones ideológicas previas, y queda al margen de la evolución estilística pública y oficial. La escultura le sirve para dotar a sus figuras de una masa y un volumen del que carecen sus óleos y pasteles. Consiguió una destacable transposición de sus bailarinas en sus variados pasos de danza, lo mismo que de sus jockeys (sus dos grandes temas) con caballos en salto. Hay algunos autores que no descartan la influencia que su obra pudo tener en la de Rodin. Algunas de sus setenta y cuatro obras catalogadas son “Bailarina en reposo vestida”, “Bailarina española”, “Bailarina abrochándose un tirante”, etc.

Adolf von Hildebrand parte de que en una obra de arte debe prevalecer sobre todo la forma, por encima de otras consideraciones como la línea o el color. Bajo el influjo de la antigüedad clásica y de Miguel Ángel preconizó el retorno a la talla directa, afirmando que la función de la escultura es, esencialmente, la de embellecer la arquitectura. De ahí que algunas de sus obras, en el extremo opuesto a Rude o Carpeux, sugieren la visión de los volúmenes en reposo. Su escultura “Adolescente”, refleja la pureza, la austeridad y la claridad de formas que siempre preconizó Hildebrand como artista y como teórico.

Gestionado con WordPress

Queda prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos de este blog

La Guía 2000 forma parte de la red InicioGlobalPrivacidadContactoPublicidad