El Modernismo

Fue un movimiento de renovación de las artes, sobre todo de la arquitectura, en las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del XX que, pretendió romper con el historicismo, que tuvo una dimensión internacional. Sus impulsores pretendían crear un arte nuevo, desligado de las Academias, que llegase a las masas populares, a todos los grupos sociales en definitiva, lo que lo hace enlazar con el sentimiento de ruptura de las vanguardias de estas mismas fechas. Cabe decir que pese a esa pretensión de resultar asequible a todos los grupos sociales, fue un estilo netamente burgués.
El modernismo tiene distintos nombres según los países, así en Francia y Bélgica se denomina Art Nouveau, en Italia, Estilo Liberty, en Alemania Jugendstil y en España, Modernismo. No se trata de un movimiento unitario, pese a lo que presenta características comunes, que podrían definirse como los elementos definidores del estilo. Así utilizan los nuevos materiales que la revolución industrial pone a disposición, como es el caso del hierro, tanto como elemento constructivo, como decorativo, llegando a transformar las vigas de hierro en elementos vegetales, dejándolos visibles. Además usan el vidrio, el cemento y la cerámica. Muestran una gran preocupación por resolver problemas como la insonorización de la vivienda, lo mismo que por solucionar los problemas de la calefacción o la ventilación de la misma. Además comparten el sentido de ruptura de los espacios preestablecidos, ya que parten de la base de que cada espacio debe planificarse según su función. Gracias a los avances de la arquitectura y de la técnica, recrean espacios insólitos, que se adaptan a las nuevas necesidades arquitectónicas, como es el uso de grandes arcos parabólicos o escarzanos que cubren grandes espacios.
Asimismo potencian los elementos decorativos y lúdicos tanto en el interior, como en el exterior del edificio, usando cerámicas y vidrieras con formas ondulantes, vegetales, con claras referencias a los elementos naturales, ya que esa va a ser otra de las peculiaridades del movimiento, el valor que se le otorga a la naturaleza y a la línea curva, ondulada, sinuosa, a la vez que delicada, lo que llevará a realizar destacadas creaciones de gran originalidad. Otra de las preocupaciones es el tema de la luz, de la iluminación, ya que cada estancia tiene ventanas de forma, tamaño y colocación diferente. En general, los edificios modernistas tienen un acusado carácter dinámico y además muy plástico. Incorporan el color a las edificaciones al usar los azulejos, la pintura, los estucos, etc. Las plantas pueden ser asimétricas, irregulares y con movimiento (como en el Barroco), lo mismo que las fachadas, que pueden presentarse con los vanos descentralizados, por ejemplo. Los arquitectos modernistas llevan su preocupación también a los elementos ornamentales como son los muebles, las lámparas, es decir planifican la obra de arte integral o total. Como su principal cliente va a ser la burguesía, los principales ejemplos de esta arquitectura van a ser las casas familiares.
El movimiento nace en Bélgica de la mano de Víctor Horta y pronto se difunde a otros países como Francia, donde destaca Guimard, a Gran Bretaña con Mackintosh, a Austria con Otto Wagner y a España donde la figura indiscutible va a ser Gaudí.
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Chus el 1 de Abril de 2008Categorías: Arquitectura, Contemporánea
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