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13
May

Verrocchio como pintor

Publicado por Chus el 13 de Mayo de 2008

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Fue un gran artista llamado Andrea di Cione, maestro de otros grandes creadores como Leonardo da Vinci, Lorenzo di Credi o el Perugino. Formado en el taller del gran maestro Donatello, su actividad se va a encaminar sobre todo hacia la escultura, aunque en su taller también se trabaja en las pinturas. Su primera obra conocida es una pintura al fresco de la “Virgen entre los santos Juan el Bautista y Antonio Abad” de la catedral de Florencia, en la que se advierte el sentido plástico vigoroso que va a caracterizarle, lo mismo que un gusto exacerbado por el elemento ornamental.

En las tablas “Tobías y los tres arcángeles” (en los Uffizi) y “El ángel y Tobías” (en la Nacional Gallery) aparece prestando una especial atención al tratamiento de la luz, y también del espacio, mostrando una mayor atención por el cromatismo. Otra de las obras que se le atribuyen es la tabla “Santa Mónica entre las religiosas de su orden” realizada para el Santo Spirito de Florencia, en la que sitúa la escena en un marco arquitectónico colocado ante un paisaje. Nos muestra a un grupo de religiosas que rinden sus respetos a otra situada en una especie de trono elevado. Verrocchio ha querido individualizar a cada una de ellas, como si se tratase de una especie de retrato colectivo, apareciendo individualizadas con inusitado detallismo, tanto físico como psicológico. El tratamiento cromático lo realiza a base de una armonía de negros, grises y verdes, contrapuestos a ocres y sienas.

Pero su obra más conocida es, sin duda “El Bautismo de Cristo” que Verrocchio realizó para San Salvi. Aparece a nuestra derecha la figura de San Juan Bautista derramando agua sobre la cabeza de Jesús, situado en el centro de la escena, mientras el Espíritu Santo (en forma de paloma) y Dios (se ven sus manos) confirman y asisten a la misma. Dos angelitos arrodillados a la izquierda sostienen un lienzo, contemplando el Sacramento. La escena se desarrolla ante un paisaje, en el que el fondo deja ver un paisaje brumoso de montaña que se atribuye a Leonardo, ya que enlaza con los que hará posteriormente. Es una obra de dudosas y polémicas atribuciones, ya que hay quien se la otorga a varios de sus discípulos entre los que se encontraría Leonardo da Vinci y Botticelli, aunque la mayoría de los autores aceptan la participación del maestro, y la de Leonardo en los dos ángeles arrodillados a la izquierda de Cristo y en el paisaje del fondo. Esta colaboración de varios artistas era habitual en la historia, el maestro era el supervisor y el que aseguraba la calidad de la obra, pudiendo participar directamente en la misma, para aumentar su valor. La mano de Verrocchio se deja sentir en el tratamiento escultórico de las anatomías de los dos personajes protagonistas, con un destacado dibujo y una dureza propia de una escultura. Según Vasari Verrocchio resolvió “no tocar más los pinceles porque Leonardo, tan joven en aquel arte, se había portado mejor que aquel”.

13
May

Biografía de Sandro Botticelli (1445-1510)

Publicado por Chus el 13 de Mayo de 2008

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Fue un pintor florentino nacido en 1445, discípulo de Filippo Lippi que también realizó estudios literarios, aspecto inusual en la época. Hacia el año 1470, con veinticinco años ya contaba con un taller propio en Florencia, ciudad que, en aquellos momentos se encontraba en pleno apogeo económico, político y cultural. Sus primeras obras fueron “Vírgenes con el Niño”, que continúan la tendencia de su maestro Filippo Lippi, con escenas de tipo intimista, aunque ya desde el primer momento se detecta su propio mundo formal caracterizado por el ritmo sutil construido a base de líneas ondulantes tanto en los cuerpos como en las vestimentas, con cuerpos colocados en posturas ausentes de rigidez, con cabezas suavemente inclinadas y rostros de melancólica belleza.

Tras realizar obras como “La Adoración de los Magos” de la Nacional Gallery de Londres y de dedicarse un tiempo al retrato, entró en el círculo de la familia Medicis. Botticelli se deja influir fuertemente por el intelectualismo y el neoplatonismo que filósofos como Marsilio Ficino o Pico della Mirandola, difundían en la corte medicea, como demuestra en sus obras más conocidas y características, “La primavera” realizada en 1480 o el “Nacimiento de Venus” de 1485 (comentadas ya en esta revista). Tras estas obras sobrevino la muerte de Lorenzo el Magnífico y comenzaron las predicaciones del monje Savonarola, condenando las falsas vanidades mundanas y del propio arte, que va a influir en la obra del artista. En las tablas del cuento de Nastasio degli Onesti en el retablo de San Bartolomé de 1490 se hace patente la crisis de su arte que representa cuerpos contorsionados, rostros llenos de preocupaciones con colores más densos y brillantes. A partir de ese momento en su arte no caben los mitos, a los que solo vuelve para pintar la Verdad Desnuda enfrentada a la Malvada Calumnia guiada por la Envidia y acompañada de la Sospecha y la Ignorancia en la obra “La Calumnia” de los Uffizi de Florencia.

El resto de su producción va a ser de temática religiosa, con obras como la “Piedad” de la Pinacoteca de Munich, realizada en temple sobre tabla, en la que se ve a los cuerpos que sufren con el dolor por la muerte de Jesús totalmente desplomado sobre las rodillas de María, mientras María Magdalena le besa el rostro y otra mujer le sostiene amorosamente los pies. En la “Natividad” de la Nacional Gallery nos encontramos de nuevo a un pintor que, subyugado por las predicaciones de Savonarola (ya condenado y ejecutado), insiste en la necesidad de arrepentimiento y de alejarse de lo mundano y vacío. Otra de estas obras de extremada religiosidad fue la “Crucifixión simbólica” del Fogg Art Museum de Cambridge.

Pero la Florencia de esa época no quería volver a saber nada de la encendida espiritualidad que habían condenado junto al monje dominico Savonarola. El arte de Botticelli, al principio melancólico y luego trágico había pasado a ser un anacronismo, ya que otros artistas como Leonardo o Miguel Ángel apuntaban nuevas maneras y gustos estéticos.

12
May

Las Artes Plásticas en la segunda mitad del siglo XX (II)

Publicado por Chus el 12 de Mayo de 2008

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En los años setenta comienza también en Estados Unidos una revalorización de la tradición realista norteamericana y del “Preciosismo”. Con una exquisita minuciosidad, los artistas reproducen figuras y objetos con un resultado sorprendente, constituyendo el movimiento conocido como “Hiperrealismo”. A partir de ahí el objeto artístico se va a ir distanciando de la personalidad de su autor, dentro de una tendencia que intenta resultar cada vez más objetivo. Se intenta separar al autor de la obra, considerando la idea creadora como la esencia verdadera del Arte, no la forma de la misma. Es el concepto que surge en la mente del artista lo que tiene el auténtico valor artístico. Con ello aparece el “Arte Conceptual”, que incluye el “Arte en Acción”. Este es el que convierte en protagonista del arte al ser humano. Primero comenzó como “happenings” para invitar al espectador a participar en la obra, pero progresivamente se hace más complejo, con “perfomances” radicales y provocadoras como las de Joseph Beuys.

En el final de los setenta, las Neovanguardias monopolizaban la creación artística, pero poco a poco se observa un deseo de volver a técnicas y conceptos tradicionales del arte, hasta acabar confluyendo en la “Posmodernidad”, que se configura como el cuestionamiento de los principios de las vanguardias, postulando la negación de los dogmas, la defensa de lo individual, del eclecticismo, del rechazo a la separación entre arte culto y arte popular, de la ironía, el humor, defendiendo sobre todo la superioridad creativa de la emoción sobre la razón.

Una de las primeras manifestaciones de la “Posmodernidad” fue la “Transvanguardia italiana”, tendencia pictórica que defiende la vuelta a temas y técnicas tradicionales, defendiendo la creatividad del artista individual, el eclecticismo formal y el rechazo hacia los compromisos ideológicos. Debido a la defensa de la individualidad del artista no se constituye como escuela o grupo, siendo cultivado por artistas como Francesco Clemente, Ernesto Tatafiore o Sandro Chia.

En Alemania aparece el “Neoexpresionismo Alemán”, pretendiendo una recuperación de la pintura tradicional, buscando un arte más libre e intuitivo, relacionándose con el Expresionismo de primeros del siglo XX en la forma y sobre todo en la recuperación de la tradición alemana frente al Informalismo. Artistas de este movimiento son Baselitz y Kiefer.

En Estados Unidos la “Posmodernidad” carece de movimientos unitarios como los europeos, con lo que son figuras aisladas las que se decantan por esta tendencia. El arranque fue la “Bienal de Arte Americana Contemporánea” de Nueva York de 1982, en la que triunfaron dos artistas Keith Harina y J. M. Basquiat, que tienen en común el rechazo al elitismo del arte, ligándose a la estética de los graffiti. Tras la desaparición de estos jóvenes pintores (en 1990 y 1988, respectivamente), Julian Schnabel es el máximo exponente del arte actual en Estados Unidos, con una amalgama de tendencias que van desde Gaudí hasta el arte conceptual, pasando por el “Expresionismo abstracto”.

En la actualidad junto a la cada vez más madura obra de Baselitz, Chia o Schnabel, coexisten contradicciones entre artistas ambiguos como David Salle o de realismo con una fuerte carga sexual, como el de Eric Fischl.

12
May

Las Artes Plásticas en la segunda mitad del siglo XX (I)

Publicado por Chus el 12 de Mayo de 2008

arte-minimal.jpgLa complejidad del arte en la segunda mitad del siglo XX es indudable. Museos, galerías, exposiciones provisionales se convirtieron en parte de la vida cotidiana de las ciudades del mundo, mostrando de esa manera la relación estrecha entre el arte y la sociedad de su momento. De hecho uno de los peligros de ello ha sido la vulgarización y la excesiva comercialización de las tendencias artísticas.

Mientras que en la arquitectura las tendencias se han ido simplificando, en cambio en las artes plásticas el panorama resulta confuso y complejo por la convivencia de posturas distintas que van desde la aceptación del “Expresionismo” hasta la aparición del “Minimalismo”, pasando por el “Hiperrealismo” o la “Transvanguardia”.

El período informalista tuvo su máxima expresión en el “Expresionismo abstracto” norteamericano, el cual empezó a cuestionarse a finales de los años 50, pidiendo una vuelta a los aspectos racionales e intelectuales, para no basarse tanto en los gestos intuitivos. Así, a lo largo de las dos décadas siguientes, en los años 60 y 70, se suceden las denominadas “Neovanguardias”, corrientes diversas que comparten el amor por la racionalidad. Fueron pioneros en ello artistas como Barnett Newman o Lucio Fontana que manifestaron su rechazo al cromatismo característico de la “Escuela de Nueva York”, aunque ninguno pueda librarse del influjo informalista, por ejemplo en la elección de gamas cromáticas con clara intencionalidad emotiva.

En los años 50 se inicia la geometrización abstracta, como primer paso para superar el “Informalismo”, el paso siguiente será retomar la figuración. Artistas como Jasper Johns y Robert Rauschenberg conciben sus creaciones a partir de objetos cotidianos de la vida moderna, aunque transformados para que lleguen a impactar en el espectador. Resulta evidente el influjo en ello de los “ready-made” de Duchamp, motivo por el que la tendencia se denomina “Neodadaísmo”. Claro que, su intencionalidad no es la misma que la de la vanguardia de los primeros años del siglo, pues su pretensión es unir la obra de arte con el espectador, de ahí la utilización de imágenes del arte popular.

A finales de los años cincuenta, otro grupo de artistas, encabezados por David Hockney, reaccionan contra lo que es para ellos un arte demasiado elitista e intelectual, defendiendo un arte más popular que será conocido como “Pop-Art”. En esta tendencia recurren a una figuración objetiva, con una simplificación de los contenidos, utilizando los medios expresivos de comunicación de masas, como el cómic, la publicidad, etc. El Pop pronto atravesó el Océano, donde artistas como Warholl, Lichtenstein o Wesselmann lo llevan hasta sus cotas más altas.

En los años sesenta aparece en Estados Unidos una tendencia aparentemente opuesta al “Pop- Art”, llamada “Minimal”. Propone un reduccionismo formal absoluto usando materiales procedentes de la industria trabajados con formas geométricas simples. Estos objetos minimalistas no tienen puntos en común con los “Ready-made”, ya que no están sacados directamente de la realidad, combinados y descontextualizados con una intencionalidad esencialmente crítica. En el “Minimalismo” los objetos son cubos, cajas, formas simples en acero, plástico, formica, etc., obteniendo como resultado imágenes de gran simplificación abstracta. Entre los artistas destacados resaltan Judd y Serra.

5
May

La Tardomodernidad – La arquitectura en la segunda mitad del siglo XX (II)

Publicado por Chus el 5 de Mayo de 2008

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El “Movimiento Tardomoderno” en cambio, considera que todavía sigue vigente la esencia del “Movimiento Moderno”, idea compartida por arquitectos como Norman Foster y Frank O. Ghery. No existen características formales comunes, ya que dentro de él conviven diversas maneras de entender al arquitectura, desde el “Racionalismo” hasta la “Deconstrucción”, pero podemos establecer la existencia de al menos tres principios generalizados: un cierto sentido escultórico externo en los edificios tardomodernos, la variedad de composiciones que lleva a la disgregación del espacio en unidades pequeñas y, por último, la utilización de elementos relacionados con la tecnología y la industria.

Desde mediados de los años ochenta se definen dos grandes tendencias dentro del movimiento, el “High-Tech” y la Deconstrucción”. El primero debe su nombre al uso excesivo de los elementos derivados de las tecnologías actuales, evidenciando elementos como escaleras mecánicas, conductos de ventilación, de conducción de agua, etc. Los muros se cierran generalmente con vidrio reflectante, potenciando así como elemento decorativo, un aspecto agresivo y brillante de la alta tecnología. Su primer ejemplo fue el “Centro Pompidou” de París (1977) de Renzo Piano y Richard Rogers, pero tal vez los más polémicos fuesen el “Banco de Hong Kong” (1980-86) de Norman Foster y el “Edificio Lloyd´s” de Londres (1979-86) del arquitecto Richard Rogers. El “Banco de Hong Kong” presenta una estética agresiva, con connotaciones industriales, a base de muros acristalados y del masivo empleo de metal pulido. Parte de su gran originalidad reside en que la estructura es exterior, con ocho grandes mástiles que permiten colgar los pisos en unas plantas determinadas. En la última se sitúa un helipuerto. En el interior mantiene la misma estética pulida y brillante que el exterior y destaca porque no todos los pisos tienen acceso a través del ascensor, sino que hay que utilizar las escaleras mecánicas, que consiguen crear la sensación de espacio diáfano y también le permite individualizar los espacios. Es uno de los edificios más destacados de la última arquitectura por la combinación de los principios tardomodernos con un gran refinamiento formal y compositivo, gracias a los sofisticados sistemas de iluminación y regulación térmica, totalmente controlados por ordenador.

La “Deconstrucción” pone en cuestión y duda todos los principios de la arquitectura histórica, como el equilibrio, la relación forma-función, la armonía, etc. Sus características son las formas irregulares, desasosegantes, que parecen desintegrarse, con apariencia de fragilidad e inestabilidad. Esta corriente parte de Philip Johnson, de una exposición suya realizada en el Museo de Arte Moderno de Nueva York en 1988 y pese a su corta vida constituye una de las más interesantes vanguardias de los últimos años del siglo XX. Se inscribe dentro de esas tendencias que sostienen y defienden la idea de progreso y maquinismo optimista y que buscan con radicalidad la innovación y la originalidad. De todas formas sus formas se inscriben dentro de la claridad y pureza defendida por el racionalismo, mostrando estructuras constituidas por elementos dispares que parecen chocar y distorsionarse entre sí. Entre los edificios deconstructivistas destacan “Edificios del Parque de la Villette” de París (1982-90) de Bernard Tschumi o el “Complejo fabril Funder Werk 3” (1989) de Coop. Himmelblau.

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