11
Abr

“Premonición de la Guerra Civil” de Dalí

Publicado por Chus el 11 de Abril de 2008 a las 03:13 pm

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Salvador Dalí fue un pintor de formación académica que utiliza una técnica depuradísima, en la que las formas reales aparecen fielmente reproducidas, pero sin el significado que normalmente tienen. Fue uno de los pintores mas famosos del siglo XX, conocido entre otras cosas por sus muchas y variadas excentricidades. Muchas de sus obras son provocativas, de confuso significado, mientras que otras son netamente figurativas (como los retratos de su mujer Gala) y también tiene otras en las que “reinterpreta” a los clásicos de la historia del arte, modificándolas con elementos añadidos que le dan un significado diferente al original, como vemos por ejemplo en “La Ultima Cena”.

Dalí triunfo y sedujo con su obra a un amplio y variado público, especialmente al americano. Allí, el gusto por el exhibicionismo que caracterizó al pintor de Figueras, encontró el espacio ideal para su desarrollo, por lo que fue un excelente mercado para sus obras. No hay que olvidar que tanto Dalí, como Gala, su mujer, fueron unos agentes de marketing muy hábiles a la hora de vender sus obras. De hecho esta obra se encuentra en la actualidad en el Museo de Arte de Filadelfia.

El pintor surrealista catalán desarrolla el método “Paranoico-crítico”, es decir la asociación entre lo blando (paranoico) y lo duro (crítico), que le sirven para exhibir la patología de su personalidad.

En el lienzo conocido como “Premonición de la guerra civil”, (llamado anteriormente “Construcción blanda con judías cocidas”) pintado por Dalí en 1936, unos meses antes del estallido de la Guerra civil española, pinta bajo un cielo azul del Mediterráneo, el de la Costa Brava (el de su tierra, en la que le gustaría residir), un cuerpo desmembrado y roto, totalmente en tensión, con enormes manos de configuración monstruosa que sujetan los huesos como si fuesen una especie de armas. Se ha querido ver en esta rotura, la desmembración y el extremado enfrentamiento social y político que se vive en la España y también en la Europa del momento. Los pies esqueléticos y enormes, el rostro patético y descarnado vuelto hacia el cielo, recuerdan a alguna de las pinturas negras de Goya, pudiendo remitir al propio “Saturno devorando a sus hijos”. Todo el conjunto aparece articulado como si fuese una construcción arquitectónica. A la izquierda, un toque de perfecto realismo, un enorme busto de hombre adulto, el farmacéutico de Figueras, asoma sobre la deformada y enorme mano, totalmente ajeno a la escena, contemplando el suelo con ensimismamiento. Es una escena agresiva y dramática sobre el conflicto español, ya que el cuerpo destrozado y roto parece querer destruirse a si mismo, simbolizando la contradicción interna de la desgarrada España.

La luz y el color contribuyen a aumentar el patetismo de la escena. El bello cielo azul y blanco se agita, se mueve, ya que se acercan nubarrones que anuncian la tormenta y comienzan a oscurecerlo. Los ocres, los beiges y marrones forman el resto de la composición que surge del fondo terroso. En el primer plano, las habas caídas, se pierden en un suelo sucio y oscuro.

8
Abr

El Surrealismo

Publicado por Chus el 8 de Abril de 2008 a las 04:24 pm

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Es una de las vanguardias (o ismos) de los primeros años del siglo XX, un poco posterior a las demás, ya que surge en la tercera década del siglo XX y, comprende múltiples manifestaciones artísticas y culturales, puesto que en la literatura lo practican autores como Paul Eluard o Louis Aragon, en el cine directores como Luis Buñuel, y también impregna la moda, el teatro, la publicidad, etc.

En la Historia del Arte se encuentran antecedentes del surrealismo o actitudes estéticas precursoras de este, en artistas como El Bosco, Blake o Goya, que tienen en común el rechazo a la lógica y a la razón, al tiempo que recrean un mundo imaginario y fantástico, donde las imágenes parecen surgir del mundo irracional y absurdo de los sueños, en los que todo tipo de asociación, figura y forma es posible.

Pese a estos antecedentes, el surrealismo como movimiento de vanguardia, surge a partir del “Manifiesto Surrealista” de Andre Breton en el año 1924. Para explicar sociológicamente el surrealismo se alude a la misma realidad de la guerra que provoca una crisis en las conciencias europeas, lo que incita a una parte de los individuos de la época a cuestionarse la realidad existente. A esto, hay que unir las teorías de Freud sobre el subconsciente y el psicoanálisis y su relación con la personalidad humana. A Breton se le ocurrió que las ensoñaciones y las asociaciones verbales automáticas podían ser también métodos de creación estética. Así el surrealismo trata de plasmar el mundo de los sueños y de los fenómenos soterrados por la consciencia y la razón.

Dentro de las artes plásticas, no es un movimiento unitario, ya que cada pintor sigue una vía personal, pese a lo cual los artistas surrealistas tienen en común una serie de características, como es el rechazo a la lógica racional, la preocupación por lo onírico, el subconsciente y lo fantástico, las referencias eróticas, el usar una temática que desborda los limites de la realidad (animando lo inanimado, captando las metamorfosis, representando maquinas fantásticas, usando símbolos, etc.) y el recurso a la desorientación, ya que los objetos carecen de su significado convencional. En cuanto a las técnicas practicadas, usan tanto el collage, como el frottage (efecto conseguido por las rozaduras de unas superficies contra otras), o el “cadáver exquisito” (obra colectiva de imágenes en las que ninguno de los artistas veía lo que habían hecho los demás), el automatismo, la decalcomanía, etc. En ocasiones utilizan profusamente un tipo de perspectiva, conocida como la perspectiva cónica, que exacerba la sensación de lejanía y permite plasmar horizontes muy lejanos, como ocurre en la obra de De Chirico, por ejemplo. Otro de los elementos favoritos de muchos artistas del movimiento es el jugar con imágenes de doble sentido, como ocurre con Salvador Dalí o Rene Magritte, fundamentalmente.

Dentro del surrealismo destacan dos variantes, el Surrealismo Figurativo, cuyo máximo representante fue Salvador Dalí, aunque también lo ejercieron pintores como Magritte, Max Ernst, Tanguy, Delvaux y De Chirico, y el Surrealismo Abstracto, representado por Joan Miro, Masson o Klee.

8
Abr

Dadaísmo

Publicado por Chus el 8 de Abril de 2008 a las 04:19 pm

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Es una corriente artística no racional, una de las vanguardias de los primeros años del siglo XX, que se basa en una rebelión contra las normas y la lógica. Se origina en el año 1916 en un hotel de Zurich de la mano del poeta Tristan Tzara, en el que coinciden gentes de lo más variopinto, como artistas de vanguardia, exiliados políticos, desertores, etc. Es el movimiento de ruptura más radical del arte contemporáneo, ya que niega el valor del propio arte. En su fundación confluyen la decepción ante la situación mundial, el desencanto personal de una serie de pintores escasamente considerados y el deseo de llevar a la pintura la destrucción que asolaba Europa.

Con Dada entramos en el terreno de lo irracional y lo ilógico. Las armas de los dadaístas fueron la gratuidad de los actos, el humor, el valor del azar, la provocación y el escándalo, negando el valor del arte como un objeto valioso, ya que cualquier cosa puede convertirse en objeto artístico. Niegan la belleza de las obras de arte, consideradas como eternas, son contrarios a los valores universales, defendiendo lo espontáneo y lo aleatorio, pero sobre todo la individualidad absoluta del artista.

Marcel Duchamp, fue un pintor dadaísta francés, que desde Nueva York reivindica lo absurdo de sus creaciones, como expresión de un estado de ánimo negativo frente a la destrucción de la Gran Guerra. Fruto del desencanto personal ante la política absurda de los países beligerantes, Duchamp, lo mismo que otros artistas dadaístas, toma como modelo el lema de Bakunin que, en el campo artístico defendió la teoría de que “la destrucción también es creación”.

Duchamp defiende que es necesario “desaprender” a pintar y difunde sus teorías del “ready made”, es decir dar a conocer los objetos encontrados, objetos corrientes y vulgares, elevándolos a la categoría de los objetos artísticos por propia voluntad. Utiliza objetos cotidianos, como botelleros, urinarios, chocolateras, etc., para descontextualizarlos y elevarlos a categoría de obra de obra de arte. En la obra escultórica llamada “La fuente”, nos presenta un urinario del revés, un objeto utilitario cotidiano, cuya peculiaridad es colocarlo en un contexto especial, en un museo. Supone una clara ruptura con el arte tradicional, en clara sintonía con sus teorías irracionalistas.

Cuando en 1917, Duchamp presento en el Primer Salón de los Independientes de Nueva York su urinario de loza bien colocado al revés, consiguió crear un emblema histórico, pues muchos artistas surrealistas posteriores, empezaron su carrera imitando este tipo de acciones de ready made, buscando al igual que Duchamp provocar un escándalo entre los espectadores. En realidad, el artista, no crea un estilo, sino que adopta una actitud espiritual, aunque no debemos olvidar que en su afán por llamar la atención y provocar, llego a poner bigotes a la Gioconda, ya que la provocación es consubstancial al dadaísmo. Tal vez el valor que el movimiento aporta a la historia del arte es el cuestionarse que es el arte en todo momento, haciendo que el artista constantemente se replantee este aspecto, interrogándose a si mismo y al resto de la sociedad.

7
Abr

Los fusilamientos de la Moncloa (El Tres de mayo) de Goya

Publicado por Chus el 7 de Abril de 2008 a las 02:12 pm

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Se trata de un gran óleo sobre lienzo pintado en 1814, según apuntes tomados durante los años de la Guerra de la Independencia de España (1808-1814). Pertenece a la etapa de Goya de plena madurez, cuando ya aquejado de la sordera que le quedó como secuela de una grave enfermedad que casi le costó la vida, su visión de la pintura y de la vida había superado la etapa anterior, colorista, optimista y alegre. La guerra supuso para la extraordinaria sensibilidad del artista un auténtico revulsivo, ya que como hombre profundamente ilustrado, abomina de la guerra como elemento principal de la sinrazón humana, conflicto que, además enfrenta a la Francia que encarna algunos de los valores que más admira, con el pueblo español al que él pertenece. La guerra le va a inspiraar la famosa serie de grabados denominados “Los Desastres de la guerra” y dos cuadros de gran formato, el que estamos comentando y “La carga de los mamelucos” (conocido también como “El dos de mayo”).

Esta obra reproduce una escena real ocurrida en Madrid, los fusilamientos del día tres de mayo de 1808 en la Moncloa por las tropas invasoras francesas de Napoleón Bonaparte, contra los españoles que el día anterior protagonizaron una revuelta popular, para tratar de impdedir el tralado a Bayona (Francia) del hijo pequeño del rey Carlos IV, el infante Francisco de Paula, revuelta que inicó el conflicto de la Guerra de la Independencia. Se trata de un apintura que expresa de forma conmovedora y con gran patetismo la violencia sin sentido que la guerra encarna.

Es una obra de carácter casi fotográfico que nos muestra a un grupo de hombres de condición humilde, espontáneos, desorganizados que, horrorizados se enfrentan al pelotón de fusilamiento que, bien vestidos con sus uniformes, armados y perfectamente alineados, se muestran de espaldas, sin enseñar sus rostros, para mostrar la deshumanización del ejército, en el que lo importante es que actúe como una “máquina de matar”. No aparecen héroes, ni generales victoriosos, ni ningún elemento que muestre o glorifique el honor de la guerra (como sí hacían los artistas neoclásicos), los protagonistas inmortalizados son el pueblo roto que va a morir en soledad con cada uno de los individuos que lo componen enfrentándose a la muerte adoptando diferentes actitudes, con los dedos crispados, llevándose las manos a la cabeza, gritando y , sobre todo mirando con ojos desorbitados ante el horror del que son protagonistas.

La expresividad de los rostros alcanza una gran magnitud y fuerza, expresando la irracionalidad de la guerra (no sólo de la concreta, sino de cualquiera), comunicando con una fuerza precursora del expresionismo del siglo XX el sentimiento de los protagonistas. Goya logra representar como nadie hasta entonces un monumento eterno al heroísmo anónimo de un puñado de hombres frente a la violencia ciega de la guerra.

A nivel plástico la obra se caracteriza por utilizar una solución que le da a la pintura una textura arenosa y mate. Redujo la gama cromática ala esencia más pura, ya que el ocre de la tierra se funde con algunos de los trajes, el cielo nocturno negruzco, contrastando con el blanco de las camisas de los fusilados y el rojo de la sangre. La simplificación de las formas apoya la unidad del efecto, lo mismo que la pincelada empastada, a base de grandes trazos que preludian el expresionismo contemporáneo.

7
Abr

“La carga de los mamelucos” o “Dos de mayo” de Goya

Publicado por Chus el 7 de Abril de 2008 a las 02:12 pm

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Es un óleo sobre lienzo que Francisco de Goya pintó en el año 1814, junto a “Los fusilamientos de la Moncloa”, una vez concluida la Guerra de la Independencia española, según apuntes tomados durante esos mismos años o relatos de los que lo presenciaron (parece probado que Goya no asistió al levantamiento popular). La guerra supuso una gran conmoción para un ilustrado como el pintor, que la abomina, y dejó huella en su obra tanto gracias a estos dos cuadros de gran formato (268 cm.por 347 cm. mide éste), como a través de la serie de grabados de los “Desastres de la guerra”.

Recoge uno de los episodios ocurridos en la ciudad de Madrid el día 2 de mayo del año 1808, cuando grupos de masas populares intentan impedir el traslado a Francia del hijo menor del rey de España Carlos IV, y que marca el inicio del levantamiento general del pueblo español contra los franceses, que trasluce el rechazo tanto hacia la política napoleónica, como hacia la imposición de cualquier tipo de acción por parte de los extranjeros tolerados por una parte de la administración española.

En esta escena se representa un ataque de las masas populares a un grupo de mamelucos, soldados egipcios mercenarios a las órdenes de los franceses. Al escoger esta escena, Goya muestra magistralmente toda la carga de rabia y violencia que llevó a diversos elementos de las clases populares que se encontraban en Madrid, a salir a la calle a pelear armados con cuchillos contra un ejército bien pertrechado y armado, ejército que constituía la élite de la Europa del momento, al mezclarlo además con el elemento de “odio” hacia el musulmán, que enlazaba con la interpretación tradicional de la “Reconquista cristiana” de España.

El centro compositivo del cuadro lo marca el soldado mameluco muerto que cae del caballo, al que otro individuo apuñala, acto totalmente sin sentido, ya que el caballo no es enemigo de nadie, lo que muestra lo ilógico de la guerra que lleva a la destrucción sistemática. El resto de la composición muestra a otra serie de figuras que acuchillan a jinetes y monturas, mientras que el ejército francés intenta salir de la carnicería. Lo más destacado del conjunto son las expresiones de los rostros, de rabia e indignación de los madrileños, de miedo en los franceses e incluso de sus caballos. La escena se desarrolla dentro de la ciudad, ya que los edificios se representan en un perfil, aunque de modo genérico, sirviendo de marco de referencia, pero no restando protagonismo a la acción.

Toda la escena está teñida de dinamismo y dramatismo, con movimientos exacerbados y violentos, aspectos que luego serán fundamentales para los románticos como Gericault y Delacroix. Esta exacerbación del movimiento parece haberse contagiado a la mano del artista, que utiliza una técnica basada en las pinceladas rápidas, sueltas, a base de manchones, como salidas también de un estallido de violencia del pintor. Con respecto a los colores, destaca la brillantez de los mismos y la utilización del llamativo rojo de la sangre que salpica la escena. Además lo trata con gran libertad, ya que incluso puede verse en la cabeza de un caballo reflejos de verde gracias a los efectos que provoca la sombra. En definitiva, junto a “Los fusilamientos de la Moncloa” se trata de un alegato antibelicista, realizado con más de cien años de adelanto a las corrientes contemporáneas que también van en ese sentido.

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