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Desnudo de mujer de Sorolla

Publicado por A. Cerra

El pintor valenciano Joaquín Sorolla pintó en numerosas ocasiones a su mujer, Clotilde García del Castillo, pero generalmente lo hizo vestida y posando de frente para el maestro, además de que muchas veces lo hizo en un formato de busto. En general se trataba de retratos que nos muestran a una mujer elegante y vestida a la moda, como correspondía a una pareja moderna y cosmopolita.

Desnudo de mujer de Sorolla

Desnudo de mujer de Sorolla

Sin embargo, en esta ocasión la pintó completamente desnuda y dando la espalda al pintor. Se trata de un cuadro del que hasta hace unos años no se tenían noticias, ya que fue rescatado en unos almacenes del Museo Sorolla de Madrid. La obra nos la presenta como si fuera una modelo anónima, y aparece en toda su sensualidad y voluptuosidad. Y como en la tela no aparece referencia ninguna a la identificación de la mujer, han sido los estudiosos de la vida y obra de Sorolla quiénes han deducido que se trata de Clotilde, analizando el perfil y otros detalles de la figura.

Cuando pintó este cuadro en 1884, todavía no había contraído matrimonio, algo que hicieron en 1888. Y desde entonces fueron pareja durante toda su vida, hasta la muerte del pintor en el año 1923.

El cuerpo de la mujer ocupa toda la vertical del cuadro, y la vemos muy estilizada, dando la espalda pero con un ligero giro. La actitud de la muchacha es colocar una vasija en un estante superior, una pose espontánea de las que le gustaba pintar a Sorolla. Una buena excusa para pintar un cuerpo muy sólido y equilibrado, que de alguna forma remite a las formas de la Antigüedad.

Algo que todavía se incrementaría más en los años siguientes, cuando viajó a Roma en 1885 y descubrió en profundidad la escultura clásica y el arte más moderno italiano, lo que hizo que aparecieran en sus cuadros figuras que parecían escultura de personajes mitológicos.

No es extraño que apareciera un retrato de su futura esposa desnuda, ya que Sorolla pintó numerosos desnudos, sobre todo de sus hijos jugando en la playa, en los que a veces también aparece la propia Clotilde.

Pero además de la figura, si hay algo que identifica el arte de Joaquín Sorolla es la luminosidad de sus obras. Y en este caso ocurre lo mismo. Se aprecia un foco de luz concreto, como si los rayos de sol entrarán por una ventana para bañar de luz el cuerpo, sobre todo en ciertas partes que están intensamente iluminadas.

Una claridad de la piel que contrasta con la cabellera negra y recogida de la mujer. Mientras que los elementos del segundo plano: la cortina, las vasijas o el mismo suelo, se funden casi en una paleta de colores monocroma, con abundantes tonos verdosos y grises.

A modo de curiosidad se puede decir que se trata de una obra inacabada, ya que en la esquina inferior izquierda se descubre una zona blanca del lienzo. Es un hecho muy extraño en la producción de Sorolla, que solía concluir completamente todas sus telas. Sin embargo, aquí hay dos motivos que pueden explicar este inacabado. Por un lado, que al ser una obra muy íntima, no le preocupara esa finalización total. Y por otra parte, que el objeto de atención del pintor era absolutamente el cuerpo de su pareja y no le importó en exceso ese pequeño detalle.

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