Arte

Inicio Pintura, Vanguardias Artísticas del siglo XX La Persistencia de la Memoria, Dalí

La Persistencia de la Memoria, Dalí

Publicado por Laura Prieto Fernández

La Persistencia de la Memoria es una obra realizada por Salvador Dalí en 1931 utilizando la técnica de óleo sobre lienzo. El cuadro pertenece al estilo surrealista iniciado por André Bretón y que afectó a todas las artes. Partiendo de algunos principios dadaístas, el surrealismo pretende liberar al artista de la realidad e introducirlo en un mundo onírico e interior.

El cuadro representa un paisaje onírico, surrealista. Dalí nos sitúa en una playa al atardecer, en el centro de la composición aparece un rostro surrealista que podría ser un autorretrato del propio Dalí. La cabeza aparece sin pelo, de perfil con una enorme nariz aguileña y unas larguísimas pestañas, a pesar de no tener boca de la cabeza sale una lengua que se acaba fundiendo con el fondo oscuro que domina en la parte derecha del cuadro. El cuello de esta extraña cabeza también aparece desdibujado y fundido con el fondo. Sobre este misterioso rostro, un reloj de bolsillo, muy al gusto de la época, parece fundirse por su blandura sobre la mejilla de nuestro supuesto Dalí.

En la parte izquierda de la obra aparece una mesa de madera sobre la que encontramos otros dos relojes blandos, uno de ellos similar al reloj central y el otro pintado en un llamativo rojo, está cerrado y sobre él corretean un nutrido número de hormigas. En el extremo más alejado de la mesa Dalí representa un árbol descarnado, sin hojas y casi sin ramas, sostiene en su única rama otro reloj semi-derretido.

En la parte derecha del fondo vemos un rocoso acantilado y la línea que separa el mar parece del cielo se funde, uniendo los dos espacios.

En la composición de los elementos domina la horizontalidad, que tan solo se altera con la verticalidad que marca el árbol y las formas sinuosas de los relojes y del rostro tendido en la arena. El dibujo es lineal y exquisito demostrando el dominio del pintor sobre el mismo, aunque se trate de un paisaje onírico y elementos surrealistas, el pintor es capaz de captar cada uno de ellos con detallismo y perfección académica.

En lo que respecta al color, el artista español marca una dicotomía entre una gama fría, dominada por los azules, y una gama cálida en la que dominan los colores terrosos.

La luz establece una división en el cuadro, el fondo y la mesa aparecen fuertemente iluminados en el atardecer mientras que se establece una gradación hacia la oscuridad desde el rostro a la esquina inferior derecha.

Sin duda son numerosas las interpretaciones que ha recibido la obra, algunos sitúan la escena en la playa de Port Lligat. Se ha querido ver en la contraposición de elementos blandos y duros referencias a la sexualidad y en la presencia de los relojes, los cuales cada uno marca una hora distinta, la subjetividad del tiempo y el espacio, como el tiempo pasa “volando” al representar una mosca sobre el reloj de la mesa etc.

Sin embargo no podemos olvidar que estamos ante un cuadro surrealista y como tal la composición y significado del mismo es eso, surrealista. A menudo Dalí utilizó para realizar sus obras el método crítico-paranoico que consiste en utilizar la paranoia para relacionar objetos, lugares o aspectos que teóricamente no tienen nada en común.

Categorías: Pintura, Vanguardias Artísticas del siglo XX