Arte

Inicio Pintura, Renacimiento La Gloria, Tiziano

La Gloria, Tiziano

Publicado por Laura Prieto Fernández

A lo largo de la historia la monarquía occidental, y en particular la europea, siempre ha estado íntimamente ligada a la religión; los reyes han sido los principales defensores del catolicismo y han proclamado grandes guerras y persecuciones en pro de su religión, pero si tenemos que destacar el papel de una monarquía que haya estado ligada a la iglesia esa será sin lugar a dudas, la monarquía española. Desde la Edad Media y muy especialmente desde el reinado de los Reyes Católicos, los monarcas españoles han mantenido una relación íntima con la Iglesia y el Vaticano por ello, no nos resulta extraño que el cuadro que aquí analizamos hoy, sea el encargo de un monarca español, Carlos I de España y V de Alemania.

Con la llegada de Carlos I al trono español, la monarquía de los Habsburgo ampliaba su poder en Europa y pese a que en un primer momento el rey no contaba con el apoyo de sus súbditos, fue precisamente a través de la religión cómo el monarca llegó a hacerse con su favor. La obra que hoy analizamos fue encargada por el rey a Tiziano, una de las grandes figuras del Renacimiento italiano y pintor de fama mundial, en su segundo viaje a España, concretamente en el año 1550, aunque el artista no acabaría el lienzo hasta 4 años después, en 1554.

La pieza, que en la actualidad forma parte de la colección expuesta en el Museo del Prado de Madrid, representa la unión entre la monarquía española y la Iglesia de hecho, el rey se llevó el grandioso lienzo de más de tres metros de alturas y dos y metros y medio de anchura, a su retiro en el Monasterio de Yuste y pidió que le dejaran ver en lienzo en su lecho de muerte.

La obra es una gran oda a la religión católica en la que aparecen algunos de sus protagonistas; en la zona superior encontramos a Dios Padre junto con Jesucristo y la paloma del Espíritu Santo. Los dos van vestidos de manera muy similar, para recalcar el hecho de la Trinidad y cerca de ellos, también vestida de azul como símbolo la eternidad, aparece la Virgen María.

El lienzo lo completan figuras destacada del catolicismo como por ejemplo San Juan Bautista que hace de intercesor de los hombres ante Dios, Moisés con las tablas de los diez mandamientos, Noé o el rey David. También aparece el rey y su familia en un registro inferior. Se trata de un óvalo ascendente de personajes que confluyen en la zona superior del lienzo.

Categorías: Pintura, Renacimiento