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Y aún dicen que el pescado es caro, Sorolla

Publicado por Laura Prieto Fernández

Cuando a menudo pensamos en la obra de Joaquín Sorolla solemos acordarnos de las luminosas imágenes de las layas con personajes relajados en las que la luz y sus efectos lumínicos son los protagonistas del lienzo, sin embargo y cómo vamos a descubrir a continuación, hay una parte de la producción artística del pintor que poco tiene que ver con esas escenas idílicas y relajadas de mujeres paseando por la orilla del mar.

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Joaquín Sorolla (1863 – 1923) es uno de los artistas españoles más destacados de finales del siglo XIX y principios del siglo XX; además es uno de los artistas más prolíferos de la historia legándonos más de dos mil doscientas obras. Nacido en Valencia el artista quedó huérfano a la tierna edad de dos años y fue criado por su tía. Se inició relativamente pronto en la formación pictórica pero su pintura no acababa de encajar en las tendencias academicistas de la época y no fue hasta que estudió a los grandes artistas del Museo del Prado (sobre todo las pinturas de Diego de Velázquez) cuando su pintura comenzó a ser aceptada por los académicos, esta etapa es conocida como la etapa realista de Sorolla.

De esta etapa es precisamente el lienzo que aquí nos ocupa titulado Y aún dicen que el pescado es caro, que data de mediados de los años ochenta, en concreto de 1984 y que en la actualidad se exhibe en el Museo del Prado de Madrid.
Nos encontramos ante un óleo sobre lienzo de formato horizontal y grandes dimensiones –mide más de dos metros de ancho y metro y medio de altura- en él el artista nos muestra el interior de un barco de pesca con tres personajes: se trata de dos hombres maduros y un muchacho joven que aparece tumbado en el suelo y herido mientras es socorrido por sus compañeros. La obra posee un gran realismo y dramatismo, del cuello del joven herido pende una medalla con la virgen protectora de los marineros. Su cuerpo blanquecino contrasta con el de sus compañeros curtidos por el aire del mar y en sus rostros se aprecia la preocupación por su compañero.

La obra de Sorolla se inspira en una novela de Vicente Blasco Ibañez titulada Flor de mayo la cual se desarrolla en un pequeño y humilde barrio de pescadores valencianos, El Cabañal. En esta novela se narra las duras condiciones de vida de los pescadores valencianos y cuando un joven llamado Pascualet fallece a causa de su trabajo, su tía se lamenta diciendo << ¡Que viniesen allí todas las zorras que regateaban al comprar en la pescadería! ¿Aún les parecía caro el pescado? ¡A duro debía costar la libra!>> Esta es la precisamente frase que inspira al pintor para la realización de este lienzo.

En la obra de Sorolla se aprecia una preeminencia del dibujo, con gran detalle en los aperos de pesca que cubren el escenario de la composición y una gama de colores terrosos que aún nos remite a la influencia de Velázquez.

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