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Monasterios medievales de occidente

Publicado por Laura Prieto Fernández

En esta entrada se pretende hacer una recopilación de las principales características artísticas de los monasterios medievales en occidente y en este sentido debemos aclarar el hecho de que sea en occidente ya que en oriente también existieron distintos conjuntos monásticos. El origen de los monasterios cristianos tal y como hoy los entendemos comenzó poco después de la muerte de Jesucristo ya que, con anterioridad, los denominados monasterios tan solo eran referente de la vida de los ermitaños.

Sin embargo, durante la Edad Media las órdenes monásticas fueron la institución más destacada de su época; en torno a los monasterios surgieron importantes municipios y hasta que surgieron las primeras universidades los monasterios constituían uno de los pocos núcleos culturales de la época. En este recorrido por la vida monacal es indispensable hablar de la figura de San Benito de Nursia quien estableció una serie de Reglas que debían regir la vida monástica y que se podían resumir en una sola <>. Sin embargo, la vida monástica que planteó San Benito en el siglo VI se fue relajando paulatinamente -la orden cluniacense había adquirido tanto poder que sus orígenes habían quedado desvirtuados- y en este sentido apareció en el siglo XI una nueva reforma, la reforma cisterciense que impulsada por Bernardo de Claraval planteaba volver a los orígenes de la Regla de San Benito.

Pese a todas las discrepancias surgidas en torno a la vida monástica la composición arquitectónica de todos los monasterios era muy similar y se basaba en un conjunto de estancias que funcionaban como una sola unidad. Sin lugar a dudas, la iglesia era el elemento más destacable de todo el conjunto. Su construcción siempre se empezaba por la cabecera ara poder utilizarla cuanto antes y posteriormente se iba trabajando en las naves. También era muy relevante el claustro que servía de modulo central para la distribución de las celdas y permitía el paso de éstas a las demás estancias.

En cada una de las pandas o bandas del claustro se situaban unas estancias distintas; así es común que en la zona este aparezca el armarium un pequeño espacio donde se guardaban los libros de lectura de la iglesia y que complementaba a la gran biblioteca que algunos conjuntos solían tener. Cerca de éste solía encontrarse la Sala Capitular, un lugar muy destacado en el conjunto que servía para que el abad organizase la vida comunitaria, así como para leer y comentar en comunidad los capítulos. En la zona oeste se encontraban los dormitorios o celdas de los monjes mientras que en la anda sur, que solía ser la más luminosa se encontraba la cocina, el comedor y una estancia que servía para el descanso de los monjes, el reflectorio.

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