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El pensador de Rodin

Publicado por Laura Prieto Fernández

El pensador es una de las esculturas más famosas del francés Auguste Rodin. Realizada en bronce y con un pedestal de mármol la obra alcanza los 650 kilos de peso. Parece ser que el primer molde en yeso ya estaba realizado en torno a 1880, sin embargo el artista no presentará la primera fundición a gran escala hasta 1902.
Pese a que Rodin (1840 – 1917) hoy es el máximo exponente de la escultura impresionista y está considerado como uno de los precursores del modernismo sus inicios en el mundo del arte no fueron demasiado halagüeños.

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Formado en la Escuela de Artes Decorativas, por aquel entonces considerada una escuela de segunda clase frente a la Academia de Bellas Artes, sus verdaderos estudios se realizaron de manera autodidacta basándose en la anatomía. En 1875 viaja a Italia, un hecho decisivo en su carrera y en sus estudios. Alli pudo conocer la escultura de los clásicos y muy especialmente la de Miguel Ángel; el fuerte modelado de la escultura miguelangelesca influye poderosamente en la obra Rodín. A su vuelta a Paris el artista comienza a cosechar sus primeros éxitos hasta convertirse en el mejor referente de la época y uno de los artistas más valorados.

Pese a ser una escultura exenta en un principio El Pensador formaba parte de Las Puertas del Infierno, un encargo realizado para el Museo de Artes Decorativas de Paris que tenía como referente las Puertas del Paraíso diseñadas por Ghiberti en el siglo XV, Quattrocento italiano. El artista ideó más de ciento ochenta y seis figuras para conformar las puertas inspiradas en el famoso libro de la Divina Comedia escrito por Dante. El proyecto desbordó de tal manera al artista que no pudo terminar la obra al completo pero su éxito fue tal que los numerosos encargos hicieron que Rodin diseñara algunas de las esculturas del conjunto de manera individualizada o exenta, este es el caso de El Beso o El Pensador.

Aparentemente la iconografía es sencilla, un hombre desnudo aparece sentado en una roca sumergido en sus pensamientos y preocupaciones. Las piernas aparecen flexionadas apoyándose en la roca y mientras un brazo descansa sobre una de las rodillas el otro aparece flexionado hincando el codo en el muslo y apoyando el puño sobre su mandíbula. El artista ha sobredimensionado las extremidades del personaje, las manos y pies adquieren un potente desarrollo en comparación con el resto del cuerpo y una cabeza que, quizás, sea demasiado pequeña.

Pero lo realmente impresionante de la obra es su modelado, en él se aprecian todos y cada uno de los músculos de la anatomía con un fiel reflejo a la realidad. En general posee de manera explícita ese aspecto de non finito que remite a las obras de Miguel Ángel y que contrasta con el acabado de algunas zonas más trabajadas como por ejemplo las manos.

El artista invita con su obra a la meditación; el movimiento de la obra es centrípeto es decir, hacia el interior, el hombre representado por Rodin se abstrae por completo del mundo que le rodea para centrarse única y exclusivamente en sí mismo, en su interior.

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