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San Jerónimo en su estudio, Durero

Publicado por Laura Prieto Fernández

Son muchos los artistas que a lo largo de su trayectoria han coqueteado con diversas técnicas artísticas, así por ejemplo no resulta extraño que un autor que se dedica a la pintura trabaje igualmente el grabado; sin embargo, lo que ya no resulta tan común es que éste consiga hacer del grabado una técnica detallada y minuciosa que revele las mismas características que un óleo. Este es el caso del autor que aquí analizamos, Alberto Durero, un genio de renacimiento europeo que supo otorgar al grabado detallismo y virtuosismo a partes iguales.

Alberto Durero (1471 – 1528) es la figura más destacada del Renacimiento alemán tanto por sus obras pictóricas como por sus grabados. Su obra fue muy apreciada a lo largo de su vida, pero lo cierto es que también lo fue tras su muerte ya que el artista ejerció una gran influencia sobre los pintores nórdicos del barroco. Fue a partir de 1510 cuando el artista comenzó a dedicarse más al grabado que a la pintura y de hecho, la pieza que aquí analizamos y que lleva por título San Jerónimo en su estudio o San Jerónimo en su gabinete, dataría del año 1514.
La pieza pertenece a un conjunto de seis grabados que el artista realizó en torno a esa fecha, tres de ellos versaban sobre la Virgen mientras que los otros tres, mantienen temas distintos, pero presentan una calidad muy superior. Son piezas realizadas en plancha de cobre que miden unos veinticinco centímetros de alto y diecinueve de anchura. Parece ser que el grabado de San Jerónimo está íntimamente ligado con el de la Melancolía I y el del Caballero, la Muerte y el diablo. El primero de ellos representaría la vida intelectual, el del Caballero la vida moral y este de San Jerónimo la vida contemplativa.

El santo aparece recluido en su celda, un lugar pequeño pero confortable que el artista ha recreado con sumo detalle. Se trata de un hombre mayor y barbado que se encuentra trabajando en su escritorio ajeno a la mirada del espectador. En la habitación encontramos multitud de objetos que contienen un trabajado simbolismo típico de las piezas de Durero: así por ejemplo encontramos una cruz y una calavera símbolos de la muerte y la resurrección, un león como símbolo del santo y un perro que hace referencia a la fidelidad.

El artista ha recreado una habitación geométricamente perfecta, con unas estudiadas proporciones y la disposición de los objetos en paralelo a las paredes que resultan más armoniosos por los contrastes de luz y sombra. Algunos autores hablan de que Durero quisiera hacer un guiño a Leonardo da Vinci por su parecido físico con San Jerónimo.

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