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El caudillo agrario Zapata de Rivera

Publicado por A. Cerra

Diego Rivera es el gran representante del Muralismo Mexicano, y su obra se encuentra repartida principalmente por su país, en distintas ciudades y edificios. Sin embargo aquí traemos una obra que de alguna forma es una réplica, ya que es un fresco realizado ex profeso por el propio Rivera con motivo de una exposición que hizo en el año 1931 en el Museum of Modern Art de Nueva York, y por eso hoy la pintura sigue exponiéndose en el MoMA.

El Caudillo agrario Zapata de Diego Rivera

El Caudillo agrario Zapata de Diego Rivera

Sin embargo, como decimos la obra es como un duplicado, ya que en parte repite el mural que realizó en 1930 para el Palacio de Cortés en la ciudad mexicana de Cuernavaca.

Hay que tener en cuenta el momento histórico en el que desarrolló su carrera artística Diego Rivera (1886 – 1957), ya que sus trabajos de los años 20 y 30 del pasado siglo no se entienden sin el triunfo de la Revolución Mexicana de 1910, cuando surgieron personajes como el que nos presenta en esta imagen: Emiliano Zapata. Al cual vemos aquí ataviado con la ropa típica de Cuernavaca, dada la ubicación original de los frescos.

En definitiva, este tipo de imágenes se comprenden en ese contexto histórico, ya que forman parte del aleccionamiento de la población. De ahí esa puesta en valor de la cultura indígena y agrícola, puesta en valor no solo con el traje, sino también con las armas de esos revolucionarios que aquí son viejos arcos y los mismos machetes que se usan para la cosecha del maíz.

Un armamento precario pero que no impidió la victoria, de hecho aquí vemos al hacendado vencido completamente y pisoteado pese a su elegante espada, mientras que Zapata le ha robado el caballo.

Por cierto es muy interesante observar este caballo que parece sacado de otras pinturas, pero ahora históricas y lejanas: la Batalla de san Romano de Paolo Uccello. Y es que Rivera durante su etapa de formación se fue a Italia a estudiar el arte clásico y renacentista.

Al igual que durante un tiempo residió en París para conocer otro tipo de manifestaciones artísticas más vanguardistas. Con todo ese bagaje retornó a México en 1921, y tanto él como los políticos de la época vieron muy interesante el poder de persuasión que podían tener estas pinturas murales, realizadas con una técnica tan antigua como el fresco. Es decir, aplicar la pintura sobre una superficie de mortero que todavía estaba húmedo, de manera que los colores no son una capa más, sino que se acaba fundiéndose con el soporte de mortero.

Algo que no era novedoso, ya que se llevaba siglos haciendo en las iglesias y palacios con escenas tanto religiosas como mitológicas, sin embargo en México va a adquirir ese tono diferente, de forma que el Muralismo Mexicano surge como declaración de intenciones y de propaganda de los valores indígenas, la cultura autóctona y de los grandes personajes de su historia, si bien es cierto que en casos como el de Zapata, su figura se ha acrecentado con el tiempo, ya que no hay que olvidar que fue víctima de los propios revolucionarios.

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