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Señoritas a orillas del Sena de Courbet

Publicado por A. Cerra

En esta ocasión, el pintor francés Gustave Courbet, máximo exponente de la corriente del Realismo, nos presenta dos cortesanas, lujosamente vestidas y ataviadas que se han ido a sestear a la ribera del río Sena.

En ocasiones por su tema, este cuadro pintado en el año 1856, se ha llegado a confundir o relacionar con las primeras obras del arte impresionista. Pero aunque pueda ver un vínculo temático, estilísticamente hay importantes diferencias, sobre todo porque Courbet todavía mantiene las siluetas de las figuras, en ningún momento se rompen ni disuelven en el entorno. Y tampoco pretende crear sensaciones aéreas como harán los pintores de la generación posterior.

Señoritas a orillas del Sena de Courbet

Pero también hay distinciones con los pintores de otros estilos anteriores del siglo XIX. Por ejemplo, el gran pintor neoclásico Dominique Ingres hubiera pintado a estas dos mujeres como si fuera ninfas de los bosques. Mientras que el Romanticismo de Eugene Delacroix le hubiera llevado a transformar a las dos señoritas en heroínas de una aventura de otros tiempos.

En cambio, Courbet no idealiza ni tampoco dramatiza. Nos pinta a dos mujeres más atractivas que bellas, y en ellas no hay nada de espiritual. De hecho, el pintor ha rechazado usar cualquier elemento que a priori se pueda considerar poético.

Es muy interesante ver el planteamiento compositivo de la obra, bastante novedoso y también complejo. Presenta un horizonte muy alto, sin dejar casi espacio al cielo, pero en cambio hay una destacada superficie azul, gracias al agua del río que refleja la luz del sol.

Esa composición hace que no haya profundidad, ni aire, porque las protagonistas quedan ahogadas por el denso follaje del bosque de ribera. Por cierto, esos árboles no han sido tratados como una masa vegetal, sino que están pintados hoja a hoja. Pero en este caso, no se trata de una cuestión de gusto por el meticuloso detalle, sino porque de este modo se da la sensación del calor asfixiante del verano, de que el aire no se mueve. Un ambiente muy pesado, tanto como la pereza de ellas, cuyos cuerpos vemos desde un punto de vista elevado, aumentando así esa sensación de pesadez.

Por otra parte, en el cuadro no hay un punto focal a partir del cual organizar la escena. Todo lo contrario el ojo debe moverse por el cuadro. Ninguno de los elementos recibe un tratamiento especial que atraiga las miradas sobre los demás. Al revés, todo se ofrece con el mismo detalle para ser observado de forma por igual. Algo que se puede relacionar con una famosa frase de Courbet, el cual pronunció que “El Realismo es la democracia en el arte”.

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