May
La Tardomodernidad - La arquitectura en la segunda mitad del siglo XX (II)
Chus el 5 de Mayo de 2008 a las 12:15 pm
El “Movimiento Tardomoderno” en cambio, considera que todavía sigue vigente la esencia del “Movimiento Moderno”, idea compartida por arquitectos como Norman Foster y Frank O. Ghery. No existen características formales comunes, ya que dentro de él conviven diversas maneras de entender al arquitectura, desde el “Racionalismo” hasta la “Deconstrucción”, pero podemos establecer la existencia de al menos tres principios generalizados: un cierto sentido escultórico externo en los edificios tardomodernos, la variedad de composiciones que lleva a la disgregación del espacio en unidades pequeñas y, por último, la utilización de elementos relacionados con la tecnología y la industria.
Desde mediados de los años ochenta se definen dos grandes tendencias dentro del movimiento, el “High-Tech” y la Deconstrucción”. El primero debe su nombre al uso excesivo de los elementos derivados de las tecnologías actuales, evidenciando elementos como escaleras mecánicas, conductos de ventilación, de conducción de agua, etc. Los muros se cierran generalmente con vidrio reflectante, potenciando así como elemento decorativo, un aspecto agresivo y brillante de la alta tecnología. Su primer ejemplo fue el “Centro Pompidou” de París (1977) de Renzo Piano y Richard Rogers, pero tal vez los más polémicos fuesen el “Banco de Hong Kong” (1980-86) de Norman Foster y el “Edificio Lloyd´s” de Londres (1979-86) del arquitecto Richard Rogers. El “Banco de Hong Kong” presenta una estética agresiva, con connotaciones industriales, a base de muros acristalados y del masivo empleo de metal pulido. Parte de su gran originalidad reside en que la estructura es exterior, con ocho grandes mástiles que permiten colgar los pisos en unas plantas determinadas. En la última se sitúa un helipuerto. En el interior mantiene la misma estética pulida y brillante que el exterior y destaca porque no todos los pisos tienen acceso a través del ascensor, sino que hay que utilizar las escaleras mecánicas, que consiguen crear la sensación de espacio diáfano y también le permite individualizar los espacios. Es uno de los edificios más destacados de la última arquitectura por la combinación de los principios tardomodernos con un gran refinamiento formal y compositivo, gracias a los sofisticados sistemas de iluminación y regulación térmica, totalmente controlados por ordenador.
La “Deconstrucción” pone en cuestión y duda todos los principios de la arquitectura histórica, como el equilibrio, la relación forma-función, la armonía, etc. Sus características son las formas irregulares, desasosegantes, que parecen desintegrarse, con apariencia de fragilidad e inestabilidad. Esta corriente parte de Philip Johnson, de una exposición suya realizada en el Museo de Arte Moderno de Nueva York en 1988 y pese a su corta vida constituye una de las más interesantes vanguardias de los últimos años del siglo XX. Se inscribe dentro de esas tendencias que sostienen y defienden la idea de progreso y maquinismo optimista y que buscan con radicalidad la innovación y la originalidad. De todas formas sus formas se inscriben dentro de la claridad y pureza defendida por el racionalismo, mostrando estructuras constituidas por elementos dispares que parecen chocar y distorsionarse entre sí. Entre los edificios deconstructivistas destacan “Edificios del Parque de la Villette” de París (1982-90) de Bernard Tschumi o el “Complejo fabril Funder Werk 3” (1989) de Coop. Himmelblau.

En los primeros años del s. XX se produjo un fenómeno realmente original y rompedor en el mundo del arte, la aparición de las vanguardias, que tenían como objetivo común la ruptura y superación del arte tradicional, ya que el ser humano moderno necesitaba un lenguaje distinto para satisfacer necesidades diversas, nunca planteadas hasta esos momentos. Su trascendencia fue tal, que condicionaron el arte posterior. El triunfo de sus principios supuso, por ejemplo que se fuese institucionalizando un arte nuevo que logró que cayese en desuso el arte tradicional. Tal vez sea en la arquitectura donde esto tuvo una mayor relevancia, ya que el triunfo del racionalismo hizo que en las décadas centrales del siglo el estilo de mayor difusión fuese el denominado“Estilo Internacional” y habrá que esperar hasta el final de los años sesenta para que poco a poco reaparezcan el historicismo o regionalismo en la arquitectura, hasta lograr en los setenta la concentración de estilos conocida como al “Postmodernidad”.
Esta obra en la actualidad se encuentra en el Museo d`Arte Antica de Milán. Se trata de un grupo escultórico de mármol blanco, de bulto redondo, realizada en los últimos años de vida del autor, hacia 1564, cuando cada vez está más imbuido de una profunda espiritualidad, de reflexiones e ideas y sufre una especie de arrebatos místico-religiosos, por lo que de nuevo se atreve a tocar el tema de la Piedad que ya había trabajado desde su juventud. Representa el fin de su evolución artística, rompiendo los grupos cerrados, triangulares, substituyendo la perfección formal de sus primeras obras por la carga expresiva de esta última, destacando el carácter espiritual de la representación gracias al contraste entre el “finito” y el “non finito”, todo en aras de captar la belleza interior, la plena espiritualización, en este caso la expresión de una unión más allá de la materia entre la Madre y el Hijo.
Es una obra realizada en un único bloque de mármol de Carrara a finales del siglo XV, que marca los principios generales de la escultura de la primera etapa del artista, dentro del más puro clasicismo. Miguel Ángel conoce las estatuas antiguas a través de la colección particular de Lorenzo de Medici, y se deja influir por su espíritu. Se trata de la única obra que firmó, apareciendo grabado en la cinta que lleva María “Miguel Ángel Bounarroti, florentino, me hizo”. Se puede ver en la Basílica de San Pedro en Roma.
Es una gigantesca escultura realizada entre los años 1501-15004 para la Plaza de la Signaría, delante del Palazzo Vechio de Florencia, que en la actualidad ha sido sustituida por una copia, ya que el original se ha trasladado a la Galería de la Academia de esta ciudad. Se trató de un encargo de los Medici, siendo por tanto de su etapa florentina, ya que posteriormente se traslada a la Roma de los Papas, lugar en el que transcurre la mayor parte de su periplo artístico.











